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Martes, 7 de Decembro de 2021
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    Desplazados en la sanidad

    La sanidad pública se mantiene como uno de esos pocos motivos de orgullo que le quedan al contribuyente. Nuestros impuestos mantienen un complejo entramado de centros sanitarios y profesionales que tejen una invisible red de seguridad a nuestro alrededor.

    Con independencia del motivo de consulta, el deseo de cualquier usuario es que la asistencia sea fluida, ágil y precisa. Necesitamos percibir que somos escuchados con atención y tratados con respeto, diligencia y empatía.

    La atención a los pacientes desplazados es un roto en esta red de seguridad. Por definición desplazado es un “usuario que se encuentra fuera de su lugar de residencia habitual y que precisa asistencia sanitaria“.

    Cuando se trata de una urgencia, primero se lleva a cabo la asistencia y posteriormente se resuelve la burocracia. Sin embargo, cuando la urgencia no es vital y se acude al centro de salud, la cosa no es tan sencilla.

    Para muestra, tres casos vividos en primera persona:

    1. Viaje Galicia–Andalucía, con parada en Madrid para dormir. Por la mañana nos percatamos de la aparición de un sarpullido generalizado en mi hija (3 años de edad). Buscamos el ambulatorio más cercano al hotel. Al llegar, explicamos a la administrativa el motivo de consulta y pedimos ser atendidos por un/a pediatra. Nos contesta que debe abrir una “ficha” y asignar una dirección nuestra en Madrid.

    Le dijimos que pusiera la del hotel (la única que se nos ocurría) y automáticamente nos dijo que a esa dirección del hotel le correspondía otro centro de salud (así, sin más). Media vuelta, y taxi hasta este otro centro. Al llegar y relatar en el mostrador de entrada lo sucedido, nos dijeron que en ese centro no había pediatra y que no entendían cómo siendo desplazados nos asignaban un centro en función de la dirección del hotel…

    Resumen: Otro taxi para volver y, esta vez sí, ser atendidos por la pediatra.

    2. Firmé un contrato de trabajo de un mes (contrato de vacaciones) en otra comunidad. Salí a correr una tarde y sufrí un esguince de tobillo. Aunque mi intención era continuar trabajando, al día siguiente no podía caminar. Así que me dirigí al centro de salud más cercano al piso que tenía alquilado. En esta ocasión, no me pidieron dirección alguna. Me asignaron un médico que me vería cuando tuviese un hueco. Tras pedir una radiografía, confirmó el diagnóstico: esguince, reposo e inmovilización. Al solicitarle un parte de baja, su respuesta fue que él no podía emitir un parte de baja a un desplazado, eso sólo lo podía hacer mi médico de cabecera, y que me dirigiera a la inspección de trabajo o al INSS a gestionarlo.

    Como aquello no me cuadraba, antes de pedir un taxi para dirigirme al INSS llamé por teléfono para consultarlo. La funcionaria quedó perpleja. Su respuesta fue: dime el centro de salud y el nombre del médico que te ha dicho eso que voy a llamar yo desde aquí.

    Diez minutos más tarde tenía el parte de baja en mis manos.

    3. Vacaciones en Granada. Una de mis hijas debuta con lo que nos parecía una infección fúngica oral. Nos desplazamos al consultorio más cercano. En el mostrador tuve la sensación de entrar a una ronda de reconocimiento policial: tras decir “desplazados” escuchamos un resoplido del administrativo. Nos pregunta el motivo de consulta y, ni corto ni perezoso, nos dice que eso no es una urgencia vital, y que llamase a mi centro de salud (en Galicia) para hablar con su pediatra. Yo no daba crédito, pero aún así mantuve la calma y le dije que prefería que fuera valorada de forma presencial. De nuevo un resoplido y un frío “como no es urgente, estoy sólo en la recepción y aún no he salido a desayunar, voy a tomar un café y a la vuelta os abro la ficha”. Y allí nos dejó esperando.

    Estas ‘anécdotas’ no hacen más que empañar la imagen sólida, seria y rigurosa de nuestro sistema sanitario. Sus profesionales, como puerta de entrada al mismo, deben ser conscientes de que sus palabras, su actitud, su interés y empatía, todo cuanto hagan y digan, tiene una importancia crucial.

    Los trabajadores de este enorme sistema de salud, y es inaudito tener que recordar esto, debemos mostrar cariño, interés y preocupación por las personas a las que atendemos. Muchas veces sólo es cuestión de un gesto, una llamada, un minuto. ¡Los desplazados también son usuarios de pleno derecho y merecen el mismo trato!

    Cuánto ganaríamos si el perfil de trabajador descrito quedase erradicado de la atención al público, especialmente si hablamos de pacientes, y desempeñase su labor con máquinas, ordenadores, robots… seres inanimados y sin sentimientos que no precisan tacto ni sensibilidad.

    Colaboradores

    Alberto Aliaga Sola
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    Ángel Covelo
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    Bea Sanfa
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    Manrique Fernández
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    Paz de la Peña
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    Ricardo Canosa Bastos
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    Roberto Mera
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