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Venres, 20 de Maio de 2022
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    De paso, voy a urgencias

    El acceso a la atención sanitaria en nuestro país lo constituyen los centros de atención primaria. Mediante consultas ordinarias o urgentes, en horario de mañana y tarde, o en los centros de atención continuada durante la noche, fines de semana y/o festivos se resuelven la mayoría de los problemas de salud que acontecen sin tener que acudir al hospital.

    A las urgencias hospitalarias se puede llegar derivado precisamente desde la atención primaria (cuando se precisa mayor nivel de especialización, medios técnicos más complejos, o…), en ambulancia (en caso de accidentes, necesidad de valoración y/o tratamiento urgente…) o por iniciativa propia.

    Todos entendemos, a priori, que acudir a las urgencias hospitalarias, al mayor nivel asistencial, por iniciativa propia debe responder a un motivo que no puede esperar y que precisa ser valorado en ese momento.

    Antes de la llegada de la pandemia del covid-19, solicitar una cita con el médico de familia (presencial) podía demorar, a lo sumo, una semana. Desde marzo del 2020 el tiempo para esta cita, casi siempre telefónica, se ha demorado bastantes días más. Los contagios en las sucesivas olas han ido evolucionando al alza, mientras la presencia de profesionales sanitarios lo han hecho a la baja, mala progresión.

    En esta tesitura, con el acceso a la atención primaria saturado y nuestra paciencia al borde del ataque de nervios, la alternativa para conseguir una valoración inmediata por un facultativo es acudir al hospital, lo que supone la saturación añadida de las urgencias hospitalarias.

    Está claro que esta situación debe revertirse en cuanto sea posible y volver a tener acceso a una cita presencial con nuestro médico de familia en un corto plazo de tiempo. Esto, por ahora, no parece un escenario cercano.

    Así que tendremos que tirar de solidaridad y sentido común, y dejar nuestras quejas por escrito cuándo y dónde corresponda, de una manera lo más racional posible.

    Esta semana, por ejemplo, sucedía que:

    Tras una discusión en el ámbito familiar, una mujer embarazada llama al 061 solicitando una ambulancia por una crisis de ansiedad. Ya en urgencias hospitalarias, tras tranquilizarla y realizar algunas pruebas complementarias, se descarta patología urgente, se entrega su informe de alta y se remite a su domicilio.

    La gestante nos dice que ha venido en ambulancia y que tenemos que solicitarle otra ambulancia que la lleve de vuelta a su domicilio. Y no fue fácil hacerle entender que la ambulancia no era un servicio de taxi.

    La sanidad es de todos, y entre todos tenemos que cuidar de ella. Está maltrecha, exhausta y no deja de recibir estoques de aquí y de allá, es cierto… pero debemos ser conscientes de que sus recursos son limitados, y debemos hacer un uso responsable de ellos.

    Concluyo con una respuesta antológica que hace unos años me dio una paciente al ser preguntada por el motivo de consulta en el Hospital Xeral Cíes:

    “Tengo unas molestias desde hace varios días y, como tenía que venir al Corte Inglés, me he dicho pues ya de paso voy a urgencias”.

    Colaboradores

    Alberto Aliaga Sola
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    Bea Sanfa
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    Manrique Fernández
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    Paz de la Peña
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    Ricardo Canosa Bastos
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    Roberto Mera
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