Feijoa, una relación de lo más enrevesada

Este arbolito tiene una relación con Galicia de lo más enrevesado, todo debido a su nombre, feijoa, que fue dado en honor de un brasileño de nombre João da Silva Barroso, nacido en Río de Janeiro y que vino a estudiar a la Universidad de Coimbra en 1778 donde destacó y fue elegido como uno de los creadores del Museo de Historia Natural de Lisboa. Todo esto en época de la Ilustración donde una de las figuras más prominentes era el fraile benedictino gallego Benito Jerónimo Feijoo, natural de O Pereiro de Aguiar, lugar conocido actualmente por acoger a lo más granado de la delincuencia del país.

Tanta admiración despertó nuestro eminente fraile en el amigo João que tomó la determinación de cambiar su apellido por el de Feijo con una sola ó, el ahorro es primordial.

João, de vuelta a Brasil, comenzó a enviar muestras de plantas al botánico alemán Otto Karl Berg, de la Universidad de Berlín que agradeció el gesto dando el nombre genérico a uno de sus envíos: Feijoa. El mismo tratamiento recibió el nombre específico, sellowiana que, en este caso, es dedicado a un recolector de plantas y animales alemán, Friedrich Sellow, que realizó su labor en Brasil y Uruguay e igualmente enviaba muestras al Sr. Berg, cesando tan meritorio trabajo cuando muere ahogado en un rio a la edad de 42 años.

Actualmente el nombre válido de la planta es Acca sellowiana, siendo el término Acca el nombre que le daban a la planta en lengua vernácula.

La feijoa, en Galicia feixoa, también se le conoce como guayaba de Brasil, es originaria del Sur de Brasil, Uruguay, norte de Argentina y también se encuentran ejemplares en Paraguay y Colombia, aunque en este país posiblemente haya sido introducida.

Se trata de un arbusto, o arbolito, perenne de la familia de las Mirtáceas cuyo tamaño raramente sobrepasa los 5 metros de altura con la corteza grisácea y una amplia copa que puede tener igual diámetro que altura.

Las hojas en disposición opuesta, de color verde oscuro brillante por el haz y blanquecinas y tormentosas por el envés, muy similares a las de otra mirtácea, el Metrosideros, e igualmente duras y coriáceas.

Las flores son llamativas, de unos 3 centímetros, tanto solitarias como en grupos de dos. El cáliz constituido por 4 sépalos verdosos y la corola por 4 pétalos blanquecinos exteriormente y rojos interiormente, de forma cóncava (por cierto comestibles) y con un gran número de estambres como ocurre con todas las mirtáceas, de color rojo vivo y en cuyo centro se dispone un pistilo cuadrilocular.

El fruto es una baya oblonga de color verde pálido, unas veces lisa y otras rugosa y de un tamaño, en la especie silvestre, entre algo más de una aceituna y un huevo de gallina, que contiene una pulpa blanquecina donde guarda entre 20 y 40 semillas de un tamaño tan pequeño que pasan desapercibidas al paladar. Cuando maduran caen al suelo lo que constituye una ventaja pues es muy difícil diferenciar entre verdes y maduros, además aguantan unas tres semanas sin necesidad de refrigerador. En la punta del fruto se conservan los 4 sépalos, que le dan un aspecto característico.

Pese a su procedencia de climas con temperaturas normalmente cálidas aguanta temperaturas bajo cero y es poco exigente en cuanto al tipo de terreno aunque, como es normal, los prefiere sueltos y ricos en materia orgánica. Aguanta bien la salinidad en zonas marítimas y se utiliza como setos o cortavientos bajos, muy útiles para proteger plantaciones de frutales.

Se pueden obtener ejemplares de esta planta mediante la siembra de semillas pero la planta conseguida no garantiza la calidad del fruto y, en este caso, es conveniente injertar variedades conocidas. Otro sistema es la plantación de estacas pero lo más seguro es el acodo aéreo.

La planta llega a Europa por medio de un suizo de apellido Wette que trajo unas plantas, de modo testimonial, para su plantación en el Jardín Botánico de Basilea, en el año 1887, solo tres años más tarde el botánico francés Edouard André volvió de Brasil acompañado de un plantón que cultivó en su jardín en la Riviera que unos ocho años después dio los primeros frutos y de la que un viverista de Lyon recogió esquejes para su comercialización y que incluso exportó a otros países de Europa. Otro viverista francés, Besson Freres, aprovechó el tirón e importó semillas de Montevideo con las que consiguió millares de ejemplares con exitosa venta.

También se plantó en California, Florida, Jamaica, Hawaii, Bahamas, con diferente resultado pues en los sitios más cálidos la planta prosperó pero en unos casos floreció sin fructificar y en otros los frutos cayeron antes de madurar.

En el año 1908 un viverista neocelandés importa tres ejemplares de feijoas venidas de Australia que reproduce, pero no es hasta 1930 que comercializan la planta con fines ornamentales y medio siglo después, una vez conseguido frutos de gran tamaño como las variedades Triumph, seleccionada por Wright Hayward que fue el mismo que consiguió la variedad de Kiwi que lleva su nombre, Mammouth, Apollo o Géminis, se comienza su producción como fruta, que exportaron al resto de mundo y con este mismo fin se hicieron plantaciones en Italia, Francia, Portugal, Rusia o España.

A principios del siglo pasado ya había plantas de feijoa en la provincia de Pontevedra importadas por emigrantes retornados de los países de origen de la planta.