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Venres, 21 de Xaneiro de 2022
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    Salvemos (todos) al deporte

    El último campeonato de natación de ámbito nacional, el absoluto de invierno (celebrado en Palma de Mallorca el pasado mes de Noviembre), podía seguirse en el streaming que ofrecía la RFEN. A diferencia de ocasiones anteriores, la conexión para presenciar esta competición no era gratuita, tenía un importe de 2 euros por jornada.

    Las federaciones deportivas nacionales son instituciones sin ánimo de lucro que, entre otras actividades, organizan, defienden y promueven un deporte o disciplina deportiva. En nuestro país, sus integrantes son las federaciones regionales. Trabajan en coordinación con órganos autonómicos –la secretaría xeral para o deporte, dependiente de la Xunta de Galicia– y estatales –Consejo Superior de Deportes, dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte en la actualidad– y colaboran con los clubes y deportistas en múltiples actividades.

    Todos conocemos las dificultades que han atravesado sectores como la hostelería, la cultura, el ocio y el deporte desde la entrada en vigor del estado de alarma, allá por marzo de 2020, hasta la actualidad.

    En el deporte la situación ha ido evolucionando desde la paralización completa de su actividad –cierre de instalaciones y aplazamiento de los juegos olímpicos incluido– hasta la recuperación paulatina de los entrenamientos y la tímida organización de algunas competiciones, sin público y con estrictos protocolos frente al covid-19.

    Las dificultades, como es obvio, no se han repartido de manera equitativa. Las disciplinas menos visibles y los clubes con menos recursos y medios económicos han visto peligrar, en mayor o menor medida, su existencia y ni siquiera los ERTEs han podido salvar a algunos de ellos. Los que han aguantado, gracias a la colaboración de organismos públicos y/o a la ayuda de valientes patrocinadores privados, lo han hecho con la incertidumbre de lo que pasaría en el futuro.

    Los denominados deportes minoritarios, acostumbradas a tirar de inventiva, se han enfrentado al hándicap de las competiciones sin público aplicando soluciones de I+D domésticas. Al principio una GoPro enfocando la pista era suficiente para retransmitir un partido y llegar al público, pero de forma progresiva, han ido implementando mejoras (varias cámaras, comentaristas, sonido ambiente…) con el objetivo de promover y defender su deporte y acercarlo al público general (que con buena acogida, reportaba no pocas visualizaciones por evento).

    Así las cosas, en puertas de la primera jornada del campeonato, con los nadadores y nadadoras entrenando en las piscinas “Son Hugo” en Palma, recibo una llamada:

    —¿Va a ser un práctica habitual para los eventos nacionales? —me preguntaba la madre de una nadadora inscrita en varias pruebas, que quería verla en acción.

    —Pues la verdad, es que no lo sé —le respondí, mientras reflexionaba internamente.

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    Comparto mis reflexiones aquí, a ver qué opináis…

    1. los eventos más importantes, los campeonatos de España, son los que acaparan un mayor nivel de audiencia potencial. Por tanto, que las federaciones cobren por su visionado en directo puede ser una forma inteligente de recaudar fondos. Además, hay que recordar que la retransmisión supone una inversión en medios técnicos y humanos.
    2. Por otro lado, tener que pagar –aunque sea una cantidad casi simbólica– puede suponer que la audiencia real disminuya (sólo estarán dispuestos a pagar los verdaderamente interesados, fundamentalmente profesionales, deportistas y familiares) y por tanto el público real del evento será menor.
    3. Teniendo en cuenta los objetivos de fomentar, promover y dar a conocer su deporte –en este caso la natación- de cada federación, convendría estudiar, y aquí me estoy metiendo en terreno pantanoso, el impacto de visitas/visionados de los eventos retransmitidos con streaming de pago frente al streaming gratuito así como el rendimiento económico de este streaming de pago.
    4. Por último, habría que hacer un balance entre ambas cosas, la repercusión económica y la repercusión en la difusión al público de estos eventos (que no olvidemos son también un espejo que atrae nuevos deportistas, por tanto nuevas licencias federativas…) y tomar la decisión de continuar con la línea de pagar por ver o volver al visionado gratuito.

    En fin, cada uno tendrá su punto de vista y seguro que el debate al respecto es constructivo. Puede que no haya una respuesta clara.

    Desde luego, lo que me queda claro es que los clubes que han hecho sus pequeñas o grandes inversiones para incorporar el streaming no han buscado un beneficio económico ni van a cobrar por ello, pero sí han contribuido a “salvar su deporte”, a llegar al público y a mantener su actividad. Esto es algo que las federaciones deben valorar. No olvidemos que sin los clubes, sus deportistas y el público ni el deporte de competición ni sus federaciones existirían.

    Colaboradores

    Alberto Aliaga Sola
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    Ángel Covelo
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    Bea Sanfa
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    Manrique Fernández
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    Paz de la Peña
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    Ricardo Canosa Bastos
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    Roberto Mera
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