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¿Resquicios del pasado o esperanza de futuro?

Cuando mi madre me pedía que ordenara la habitación siempre le respondía que prefería un caos ordenado ¿Qué es? Aún no tengo muy claro si una excusa o una realidad. La cuestión es que dentro del desorden existe un orden. Y ese mínimo de orden tan imperfecto, irreal, y fantasioso, nos permite encontrar las cosas con facilidad (aunque debo reconocer que el día que me dejé el móvil dentro de la nevera, ni caos, ni orden, ni leches).

Al Celta le ocurre algo parecido, y no me refiero a dejarse cosas en la nevera. De momento solo se han dejado el buen juego en los vestuarios. Llevamos años viviendo en un caos ordenado que proponía Berizzo. Siempre sumidos en una constante sensación de que el partido se rompe y se convierte en un correcalles fuera de control. Nada más lejos de la realidad. El control de esas situaciones era total y de vital importancia para el Celta, que consiguió sentirse cómodo en circunstancias donde la mayoría de los equipos flaquean.

Unzué ha querido cambiar la dinámica y ha buscado el control desmedido de la pelota. En el partido contra el Getafe, el Celta no ha sido capaz de generar más de una o dos jugadas de peligro. El gol llega en un acto de fe entre Mallo y Maxi, pero no en una jugada elaborada, ni en una sucesión de pases, ni aprovechando el balón parado. Pelota cruzada del Tucu a un lateral que, siguiendo los cánones, no debería estar en esa posición (ejemplo de caos ordenado instaurado por Berizzo), y milagro al canto.

Decían los comentaristas al final del partido, y tras el gol del empate final del Getafe, que se ha visto buenos momentos del Celta, y ahí está la cuestión ¿Qué son esos buenos momentos? ¿Son práctica aplicada a la teoría futbolística de Unzué? ¿O son resquicios de la doctrina de Berizzo? La raíz del problema, al menos para mí, es que la respuesta está clara. Los jugadores no están adaptados al método del nuevo entrenador, y si a eso le sumas que nuestra defensa tiene la misma contundencia que Espinete en una cama de velcro, pues nos encontramos con estos dos últimos partidos y con las paredes agujereadas de tanto cabezazo.

El problema no solo es la defensa, es la obligación de adaptar a los jugadores a un método nuevo y diferente cuando la temporada pasada (acuérdense de ella porque me parece que vamos a tardar en ver algo igual en Balaídos) alcanzaron niveles estratosféricos practicando otro fútbol totalmente distinto a lo que intentan venderles.

Se sienten cómodos en el caos ordenado, libres de ataduras y sin tener que sobetear tanto la pelota para llegar a la portería contraria. Veremos cuánto dura Unzué y veremos cuánto necesita la afición del Celta para estallar definitivamente contra un equipo que, por el momento, va más perdido que un móvil dentro de una nevera. Y créanme, sé de lo que hablo.

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