¿Pero esto qué es? ¡¿Esto qué es?!

El grito desesperado corresponde a un jovencísimo Matías Prats y una conexión televisiva fallida. Un risueño recuerdo que a día de hoy sigue copando programas de zapping que reviven momentos cómicos de antaño.

El mismo grito (incluso más desgarrador) lo vivieron los aficionados celestes este sábado pasado en Vallecas. El Celta pareció un niño que lleva varios días evitando la ducha, el Rayo la madre cansada y ya enfadada que lo metió en la bañera tras un sopapo que le dejó los cinco dedos marcados en la nalga izquierda.

El baño fue de libro. Presión alta, juego combinativo y efectividad para cerrar un 3-0 que pone los pelos de punta a escasos días de la vuelta de los cuartos de final de copa.

Tras la debacle fue el momento de buscar culpables. Ahí, mi afirmación es clara: Berizzo no tiene culpa de nada.

Precisamente los jugadores que pisaron el césped (no hubo mucho más del Celta) son suplentes habituales y ellos más que ningún otro debieron dejarse la piel en Vallecas. Hubo una falta de actitud indigna e impropia de la camiseta que defienden. Y por supuesto, es incomprensible pensar que once jugadores diferentes hubiesen cambiado el partido. Entonces ¿Sólo el plantel titular del Celta tiene actitud para ganar? ¿Los demás no luchan por el puesto? Es de risa.

Seguro que el chaparrón de berridos paternales que debió lanzar el 'Toto' en el vestuario será recordado hasta por las paredes de Vallecas, y eso que están habituadas a convivir con el gran Jémez.

En lo que respecta a nosotros, a la afición, olvídense caballeros. No buscamos señalar con el dedo ni lanzarnos con pancartas, antorchas y rastrillos a sus viviendas. El destino les da una nueva oportunidad esta semana. Una histórica. Ahí pedimos ganar, sí, pero somos conscientes del favoritismo del Atlético. Por eso, nuestra petición es más sencilla y depende únicamente de ustedes: déjense la piel y háganse merecedores del escudo que llevan en el pecho.