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Menos truchas, menos pescadores…

El Verdugo en Pontecaldelas El Verdugo en Pontecaldelas

La temporada de pesca de trucha en Galicia comenzó a mediados de marzo. Un año más, la irregularidad climática marcó el comienzo de la campaña. Los primeros días de pesca han sido un auténtico fracaso por los caudales escasos de agua y, sobre todo, por el maldito aire de nordeste que mete las truchas al fondo y no hay Dios que las pique. Titular de arranque: pocas truchas, pocas capturas y, ahora, también pocos pescadores.


Esto, desde ya hace unos cuantos años, es una máxima. El cambio climático es una realidad y ya no se pesca como antaño con aquellas riadas en las que “a río revuelto, ganancia de pescadores” y como cada vez se pesca menos, cada año hay menos pescadores de lo fluvial con licencia puesto que van dejando la práctica ante el desolador panorama que tiene enfrente: madrugón, demasiados gastos y muy poca pesca…
Si se componen los caudales y se estabiliza la temperatura primaveral seguro que las pintonas picarán mejor pero el problema es de mayor calado. Cada vez hay menos pintonas que piquen.
La degradación de los hábitats, la falta de respeto por nuestras arterias –los ríos– y otros problemas añadidos son la gota que colma el vaso.
Vas por el río y la gente anda cabreada y, de hecho, son muchos los pescadores de lo fluvial que en los últimos años se han pasado a la pesca de mar.
Si bien es cierto que los pescadores de agua dulce del área metroplitana de Vigo centran sus salidas en el Lérez, Verdugo, Zamáns, Miño y Miñor, no menos cierto es que cada vez hay que andar más para pillar una pintona. Tanto es así, que yo ya no recuerdo el último cupo. Si la captura es la culminación de la confianza en uno mismo, el cupo es un acto de fe.
La nueva temporada de pesca fluvial trae para la provincia pontevedresa una novedad que no ha sentado nada bien en el colectivo: en agosto y septiembre, justo los mejores meses para la pesca del reo, se practicará sin muerte.

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En pleno austericidio económico, la Xunta nos sorprende con una normativa que no se sustenta en razonamientos científicos si no en los delirios de sus técnicos, más preocupados del prohibicionismo enfermizo que de consensuar y razonar las medidas que se deben tomar.
El 15 de marzo abrió la desveda de la trucha con los mismos parámetros normativos de años anteriores, excepto en lo antes reseñado que concierne al reo. No hay grandes novedades en la Orden de Vedas, cocinada para no hacer mucho daño, que es año de urnas, pero la temporada viene cargada hasta los topes de asuntos varios.
Uno. La climatología. El otoño y el invierno no han sido nada generosos en términos pluviométricos. Cuando llueve mucho es como si el pescador se animara más. La freza tuvo lugar bajo mínimos de caudal.
Dos. Caos en la web de la Xunta a la hora de expedir permisos, fallos a la hora de pagarlos, cotos que no aparecían… Lo dicho un caos.
Tres. Habrá mucha recuperación económica (Rajoy dixit) pero asistimos al cierre de empresas, tiendas, armerías, firmas… y la expedición de permisos está muy por debajo de años anteriores. Habrá que esperar para saber cuantas licencias menos hay esta temporada. En los últimos años asistimos a un notable descenso en los pescadores de agua dulce.
Cuatro. Estamos ante otra temporada en la que el pescador sigue indefenso ante el enroque de la Administración y la incompetencia de la Federación Gallega de Pesca que sigue en su línea de mirar sólo por los suyos pero ostentando una representación del colectivo que nadie le otorgó ni se merece (tiene unos 2.000 socios frente a los 70.000 pescadores con licencia).
Y Cinco. La puesta en marcha de nuevos acotados para salmón en el Ulla demuestra que la aplastante mayoría (más del 98%) de los pescadores que pidieron permisos no quiere saber nada de los cotos sin muerte. Primero agotaron los de Ximonde, después los de Sinde y, como ya no había otra cosa mejor, empezaron a pedir los de Santeles. Los nuevos cotos Deza y Pontevea, y el de Couso (mira que Couso máis lindo…), serán territorio comanche, desierto puro y duro.
A día 1 de abril sólo se habían expedido 5 permisos para el mes de mayo para pescar salmón sin muerte en Monteporreiro (Lérez) de un total de 65 disponibles y en Couso de 474 disponibles sólo se habían reservado 6 permisos. ¡Vaya rotundo fracaso! ¿Dónde está la que creíamos pujante masa de pescadores sin muerte?
Mal hace la Administración promoviendo la pesca sin muerte en cotos que nadie quiere. Faltan valor y “bemoles” a la hora de tomar decisiones.
Además de los múltiples problemas de los cursos gallegos, léase contaminación, furtivismo, hidroeléctricas, especies alóctonas colonizadoras… hay que sumar la nefasta gestión de la cosa desde las dependencias de Conservación da Natureza en la Xunta.
La directora xeral y la subdirectora no distinguen una trucha de un conejo y así nos va al sector. Serían unos auténticos fenómenos en sus destinos xunteiros anteriores pero, ahora, están absolutamente perdidas y desnortadas. No conocen el sector, no saben nada de la caza y la pesca, no se enteran y no son capaces de gestionar los recursos para que esto siga siendo una actividad ancestral ligada a los gallegos a través de los siglos.
El hombre primitivo pescaba para comer y había peces, el pescador actual pesca por diversión pero la regresión de los salmónidos es toda una realidad. Podríamos seguir pescando si se acometiesen medidas valientes y consensuadas, pero de estas dos señoras y de los que manejan y mandan en la sombra -Hervella y Tilves- no nos podemos fiar ni un pelo.
Cuando la incapacidad, la mediocridad y la incompetencia –con una buena dosis de soberbia- se instalan en las dependencias administrativas… ¡cuerpo a tierra que vienen los nuestros! (Pío Cabanillas –Padre- dixit).
Decía el mangallón de Camariñas que “nunca choveu que non escampara” y tenía razón. Algún día habrá que atajar los problemas desde el rigor y la seriedad científica, desde el diálogo y desde el compromiso, nunca desde el capricho de los “taliban iluminatti” que nos gobiernan. Hace tiempo que el reloj del desastre final está en marcha pero el relojero no lo quiere poner en hora... ¿O no sabe…?
Con este panorama y las dificultades del momento actual, tenemos que hablar de poca agua en los ríos, menos pescadores, menos licencias, menos permisos expedidos y menos truchas. Todo es menos, menos, menos… menos aquello que sí va a más como es la incompetencia de la Dirección Xeral de Conservación, la inepcia de la Federación Gallega de Pesca y la soberbia de un Partido Popular instalado equivocadamente en el rodillo olvidando el diálogo y las buenas maneras.
Que Dios nos pille confesados.

Miguel Piñeiro

Escritor, periodista y editor

miguelpesca.com