Furtivos en el río Ulla

En febrero hizo 30 años de cuando cambié mi destino profesional a Santiago pero Vigo y comarca tiene el efecto llamada de un río que susurra a sus salmones. No les voy a hablar de aquellos años en los que vivimos intensamente la dureza portuaria en el Berbés, ni de la reconversión naval, ni de aquel maravilloso movimiento socio-musical que llamaron movida. Me pide mi amigo Alfredo, y lo celebro, que os hable de pesca y de pescadores, y tratándose de quien me lo pide, pues aquí me tendréis en “ComarcasNaRede.Es” las veces que haga falta y cuando sea preciso.

Pero no hablaremos sólo de pesca, lo haremos de los ríos, de la pureza de las aguas continentales, de los vertidos, de la biodiversidad, de ese Lagares tan maltratado…

Para empezar, en este primer contacto me gustaría hacerme eco de una noticia que alegra y mosquea. Tiene que ver con el furtivismo en nuestros ríos y con el salmo salar en particular, y, puesto que hay muchos vigueses -e incluso alguna viguesa- que frecuentan el Ulla y el Lérez para tentar un plateado, pues ahí les va lo que no es un cuento de navidad precisamente.

M.S.R. y otro individuo, ambos vecinos de la localidad coruñesa de Touro, fueron localizados y denunciados meses atrás por agentes de la guardería cuando operaban con redes en una zona de desove del salmón en el Ulla. En el momento de ser interceptados tenían en su poder tres salmones.

Aprovechando que el salmón estaba preparando sus frezaderos para el desove, los dos furtivos operaron con un trasmallo (redes), una francada (tridente), grampines y varias linternas.

El operativo que se dispuso de noche, localizó a ambos infractores en una zona próxima a la Presa de Ollares-Calvos (Touro), que es ahora el límite superior del área de distribución del salmón en el Ulla y, tradicionalmente –por no decir secularmente-, una zona conflictiva.

A la extrema gravedad de la noticia en si, se suma que estos ejemplares ya próximos a la freza no tenían ningún valor gastronómico ya que a esas alturas de año los salmones perdieron la práctica totalidad de sus reservas, de su peso y de su masa corporal por lo que su valor culinario es absolutamente nulo. Aún así, todo parece indicar que el destino de los ejemplares era comercializarlos.

Y es ahora cuando hay que hacer tres consideraciones:
Una. Que este celo y vehemencia de la guardería -como no se esperaba otra cosa de un servidor público- también se debió aplicar en su día en el capturadero de Ximonde cuando un peón de la Xunta paleaba salmones sin que mediasen las medidas preventivas oportunas y necesarias para evitar un estraperlo vergonzoso y valleinclanesco.
Dos. Que ya era hora de que hubiese “cachada y denuncia” porque es de dominio público cómo furtivean el Lérez y el Ulla, pero denuncias de la guardería… tan escasas como anecdóticas.
Y tres. Que uno de los agentes que llevaron a cabo la operación de los furtivos en el Ulla es hermano del peón que trapicheaba con salmones en el capturadero de Ximonde haciendo uso indebido y punible de una instalación pública. Lejos de afearle la conducta a uno y a otro (ejecutor y consentidor), me limito a recordar que se debe maniobrar y ejercer siempre y en todo momento con la misma diligencia, aunque sea tu propio hermano el que trapichea con salmones ilegales.

Finito y concluyo.
Ya era hora de que emplumaran a unos furtivos en el Ulla. Ahora es de esperar que les apliquen todo el peso de la ley y que escarmienten.

En otro momento os hablaré de la Ley de Pesca Fluvial de Galicia, grande en su momento –1992– por innovadora, pero hoy pasa más por una hermana de la Orden de los Cartujos y Mendicantes ya que este episodio de los furtivos puede cerrarse con una multa del tamaño -en euros- de una simple cena.
Cambiar el marco de la ley autonómica es una necesidad pero en la Consellería hay mucho incompetente…

Miguel Piñeiro

Escritor, periodista y editor

miguelpesca.com

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