El Drago

Hércules, hombre en clara precariedad laboral pues en poco tiempo pasó por 12 trabajos distintos que realizó con eficacia y premura, probablemente por ver si quedaba fijo en la empresa cosa que sabemos, hoy en día, es prácticamente imposible.

Todo comienza cuando se le cruzan los cables y mata a su mujer, sus tres hijos y a dos sobrinos que pasaban por allí a vender unas rifas para la excursión de fin de curso. Arrepentido, eso sí, un poco tarde, consulta al oráculo de Delfos que, como penitencia, le impone 10 trabajos que, posteriormente, se transformaron en 12 por un defecto de forma. Poco más y por un caso de violencia de género extrema y cinco infanticidios le caen tres avemarías y un padrenuestro.

Uno de sus trabajos fue robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides que, en realidad, eran las caseras pues el huerto era propiedad de la diosa Hera, y ésta, que tenía serias dudas sobre la capacidad laboral de las Hespérides, puso de refuerzo a la vigilancia de sus posesiones a un dragón de 100 cabezas que atendía al nombre de Ladón y que nunca dormía por alta que fuera la dosis de Trankimazín.

Hércules, coincidente con Hera, sabía que las Hespérides no constituían ningún problema para sus fines pues, o estaban cotilleando o jugando a cualquier tontería, pero el dragón era un problema grande así que su estrategia fue la del francotirador y le lanzo una flecha lejana pero con fuerza desmesurada que atravesó el corazón del bicho causándole la muerte. La sangre del dragón cayó al suelo y en cada sitio que goteó nació un árbol con múltiples ramas retorcidas que recuerdan las cabezas del dragón, conocido como Drago, además al cortar la corteza exuda su sangre.

El drago se conoce popularmente también como drago canario, dragonero, drago africano, árbol de la sangre de drago, o árbol de Gerión.

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Enclavada en la familia de las Asparagáceas, su nombre científico es Dracaena draco L, cuyo género proviene del latín dracaena derivado del griego drakaina, que es como denominaban a los dragones hembra, igualmente el específico nos llega del latín draco-onis, y también prestado del griego drako, que definía al dragón, en este caso macho.

Su origen se encuentra en la Macaronesia, principalmente en las Islas Canarias y especialmente en las islas centrales de este archipiélago, también hay una considerable población en la zona del Atlas de Marruecos.

Es una especie de aspecto arbóreo, pues no se le pude considerar árbol al carecer de leño y consecuentemente de anillos de crecimiento, puede llegar a alcanzar los 20 metros de altura con un tronco erecto que, a partir de unos 15 años, comienza a ramificarse dividiéndose en dos (dicotomía) y subramificándose de la misma manera, y siempre derivado de la floración, es decir, solo se divide si florece.

Es característico que partan raíces aéreas de la zona alta de la planta que pueden acabar fusionándose con el tronco en la parte baja, con una corteza lisa, blanquecina o grisácea con toques rojizos y que en su madurez se vuelve rugosa y de color gris oscuro.

Las hojas tienen forma de espada, estrechas, planas y largas, muy pegadas entre sí en la punta del tronco cuando son jóvenes y en la de las ramas en su madurez, de color verde claro y de unos 60 centímetros de longitud y 4 de ancho.

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Las flores son blanquecinas con tonalidades crema o rosa y se agrupan en inflorescencias muy ramificadas como un racimo erguido de 50 centímetros. Son hermafroditas y de pequeño tamaño, alrededor de 2 centímetros

Los frutos alcanza el centímetro y medio de grosor, globosos y de color verde que tornan al naranja una vez maduras y portan 1 ó 2 semillas.

Es una planta propia de bosques termófilos, aunque se adapta a otro tipo de hábitat, en otros tiempos fue muy abundante en las Islas Canarias donde formada grandes bosques, desembocando hoy en día en una especie que necesita protección por quedar pocos ejemplares silvestres que normalmente habitan en riscos y lugares inaccesibles.

Famoso por su magnitud es el drago de Icod de los vinos, considerado en un principio como milenario, posteriormente se rebajó la edad a unos 600 años y, más recientemente a unos 300, de seguir a este ritmo ya nos vemos alimentándolo a biberón. Pese a que su apariencia externa de gozar de buena salud, la planta está hueca por dentro y con “respiración asistida” pues dos grandes ventiladores se encargan de que no se depositen esporas de hongos que podrían acabar con él.

Recientemente de ha encontrado una nueva especie en Gran Canaria donde es endémica, la D. tamaranae Marr, y en Marruecos una variante, donde la planta es más abundante que en Canarias, la D. draco “ajgal”, término éste que significa en bereber “crece alto”.

Otras dracaenas nos son más familiares y podemos tenerlas como inquilinas en nuestros hogares como la D. marginata, la D. fragans (palo del Brasil), la D. deremensis, o la D. compacta.

Su savia enrojece al contacto con el aire y se conoce como sangre de drago, una vez seca se convierte en un polvo ocre, muy apreciado en la antigüedad y que ya se utilizaba en tiempos de los romanos por sus propiedades curativas como cicatrizante o tratamiento del catarro. Más recientemente tuvo valor entre las damas venecianas como tinte rojizo para el pelo.

Otras aplicaciones era como ingrediente en pinturas y barnices, para curtir pieles, mientras que los aborígenes usaban sus hojas en cestería, o para fabricar redes, de su corteza se hacían cuerdas, y con el vaciado del tronco colmenas para abejas.

El drago aparece pintado en el tríptico del Jardín de las delicias, obra de Jheronimus Bosch, más conocido como el 'Bosco' que, se supone, sacó el modelo de un dibujo, porque no consta que haya viajado a Canarias ni a ningún sitio donde habita la planta.