Ennio Morricone, la injusticia de Hollywood y un hombre de fe

Hace unos días nos ha dejado el gran Ennio Morrionce, una de las clamorosas injusticias de los Oscar de Hollywood, un hombre conocido principalmente por su faceta de compositor de Bandas sonoras que nos dejó títulos inolvidables y que está considerado como uno de los grandes maestros de la música del cine.

Nació en 1928 en Roma. Compositor y director de orquesa, siempre será recordado por su contribución a la múscia del cine, habiendo compuesto más de quinientas bandas sonoras para películas y series. Recibió un öscar honorífico en 2006, sin lugar a dudas, una forma de justificar todas las injusticias realizadas con el gran maestro hasta entonces, en el 2016 le dieron el Oscar por la cinta The Hateful Eight y en el 2020 recibió el premio Princesa de Asturias de las Artes compartido con John Williams.

Nacido en una familia muy cristiana, Ennio ha comentado en muchas ocasiones su religiosidad, comentando que le gustaba rezar todas las noches antes de acostarse y que le gustaba acudir a misa todo los domingos. Una frase muy significativa que comentó en relación a la música y a su fe cristiana: “Considero que es un agente muy cercano a Dios”. De hecho, definió la música “como el único que se acerca verdaderamente al Padre eterno y a la eternidad, Por ello, parte de los sonidos que componen su repertorio musical tienen tintes espirituales”.

Una muestra de la genialidad de éste composior, en todos los aspectos de su vida, es la carta que escribió unas cuantas semanas antes de su fallecimiento:

“Yo, Ennio Morricone, carta que le envió a sus amigos y familiares tiempo antes de sufrir el accidente doméstico que le costó la vida, el maestro decidió redactar una curiosa misiva con algunas palabras de adiós y de amor, que su abogado leyó en público, por una razón: quería irse sin hacer ruido. “Lo anuncio a todos los amigos que siempre han estado cerca de mí y también a aquellos que están un poco lejos, a los que saludo con gran afecto […]. No quiero molestar a nadie”, lo resumió él mismo. También por este motivo, siguiendo su voluntad, su funeral fue privado.”

Intentar resumir su carrera en unas pocas líneas es muy complejo por no decir imposible, así que nos vamos a limitar a mostrar algunas de sus obras más representativas.

Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964)

Es ya imposible disociar el nombre de Morricone de los sonidos del spaghetti western. La música que compuso para este largometraje de 1964 ha sido imitada una y otra vez y consiguió convertirse en el canon a seguir para los sonidos del Far West.

El bueno, el el feo y el malo (Sergio Leone, 1966)

Seguramente la música de Morricone para El bueno, el feo y el malo sea el más memorable y recordado de todas sus bandas sonoras, ése sonido ambiental caracterizado por el arpa y la flauta, esos coros, esas campanas, esos silbidos… sin lugar a dudas, inolvidable.

La Misión (Roland Joffé, 1986)

Película con unos paisajes espectaculares y una música inolvidable que inexplicablemente no llevó el Oscar (para los estandares norteamericanos Ennio era comunista, le gustaba ayudar a los pobres) en cambio se lo llevó un tal Herbie Hancock por su trabajo en Alrededor de medianoche. (alguien se acuerda de esa bso). Morricone firmó aquí un trabajo apabullante, verdaderamente legendario, combinando coros de voces litúrgicas con percusiones indigenas, de un modo tan natural como innovador.

Los intocables de Eliot Ness (Brian de Palma, 1987)

Una película que le valió a Sean Connery un Óscar, rodeado de un reparto de campanillas, con Robert de Niro, Kevin Costner y Andy García. Una película de gangsters firmada por Brian de Palma, con el inconfundible aliento épico de la música de Morricone.

Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1989)

Una de las películas más hermosas y emotivas del último tercio del siglo XX y que el genio subo trasladas con sus emotivas notas para que no solo nos llegaran nuestros sentimientos a través de las imágenes, sino a través de la sensibilidad de la música.

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015)

Uno de los últimos trabajos de Ennio Morricone para Hollywod. Y el que, tardíamente, le valió un Óscar a la mejor banda sonora, tras la estatuilla honorífica que había cosechado en 2007. En esta película Tarantino hace un guiño a los viejos western con los que Morricone estuvo tan familiarizado en sus inicios.

Uno de los mejores compositores de la historia nos ha dejado, pero su legado perdurará por siempre. R.I.P.