Semana Santa

Ha llegado la Semana Santa, tiempo deseado por muchos, unos porque es el período de vacaciones en los que la gente huye de su lugar habitual, por lo menos de su rutina cotidiana para desconectar, y cambiar así sus quehaceres, otros, por la pasión religiosa, porque conmemoran sus creencias y esperan estas fechas con fervor para cumplir sus clásicos rituales.

Pero este año, todo eso queda en un segundo plano, porque las medidas excepcionales que se han tomado en nuestro país y en casi todos los países del mundo para intentar frenar la pandemia que estamos viviendo, ha dado lugar a que esta sea una Semana Santa especial y peculiar.

La Semana Santa es tiempo de pasión, la que no ponen nuetros gobernantes para tranquilizar a la población, dando los medios suficientes para que nuestros sanitarios puedan realizar su trabajo con seguridad, para que los trabajadores, sean del gremio que sean, puedan desempeñar su labor lo más protegidos posibles ante esta pandemia, no, para eso no ponen pasión, la única que ponen es para seguir cobrando sus sueldos, que no suelen ser bajos y no he escuchado que se lo vayan a bajar o donar para ayudar a los miles y miles de parados que va a tener éste país, lo único que iban a donar son sus dietas… ¿tendrán cara de querer seguir cobrando sus dietas cuando ni siquiera se están desplazando a sus puestos de trabajo? Y también ponen pasión para continuar con sus intereses particulares, el ansia del poder, para eso, si hay pasión. Esperemos a ver si alguno entona el Mea Culpa.

La Semana Santa es tiempo de devoción, de fervor, pero el religioso en estos tiempos lo dejamos de lado para ver el fervor y la devoción que ponen nuestros sanitarios haciendo todo lo posible para salvar la vida de las personas que caen enfermas, tanto por esta pandemia que nos azota cómo por todas aquellas demás enfermedades que no nos han abandonado y su labor encomiable para que puedan llevar esta situación lo mejor posible. Pero tampoco no nos podemos olvidar de todas aquellas que siguen realizando su labor para que nuestra vida pueda continuar, dentro de lo posible lo más parecida a lo habitual, disponiendo de alimentos, medicinas y otros servicios a nuestra disposicion, y manteniendo el orden y la disciplina, porque son momentos en os que todos debemos de colaborar aunque se realizando pequeños sacrificios.

La Semana Santa es también tiempo de procesiones, esas que en estos días sólo podemos ver por la televisión de años pasados, pero también de procesión a los balcones para aplaudir a las ocho de la tarde, de procesión a nuestros teléfonos móviles para ver noticias, juegos y por supuesto llamar a nuestros amigos y seres queridos, y también, cómo no, de procesión a nuestras neveras, así que aquellos que habian empezado la operación bikini, o estaban pensando en hacerlo, van a tener que esperar a tiempos más propicios para ello.

También es tiempo de rezo, y en estos momentos, nada mejor que hacerlo por todas las personas que han perdido la vida, por todas aquellas que siguen enfermas para que tengan una pronta recuperación, y por supuesto, para que esta pandemia deje de ser una pesadilla para convertirse en un recuerdo.

Pero la Semana Santa es también tiempo de resurreción, sabemos que son momentos complicados los que estamos viviendo, momentos que en nuestra historia reciente no nos había tocado sufrir, pero que generaciones pasadas ya padecieron, que otros lugares de nuestro planeta también han vivido y han superado, por lo que nosotros también lo haremos, así que miremos al futuro con optimismo, y aprovechemos las noches también para mirar al cielo, a las estrellas y pensar que queda un dia menos.

Y estos días, quedemos en casa para que todos podamos muy pronto volver a estar fuera.