Trilhos e Camiños

Ruta circular Beluso-Cabo Udra-Beluso (Bueu)

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera

─Pero no entiendo por que Balú se pone así conmigo─le digo.
─Es normal, él ya tiene sus propias aventuras con ella. Salen todos los fines de semana a lugares insospechados para nosotros. ¿Por qué iba a querer escuchar historias que solo salen en tus sueños cuando las de él son en la vida real?─contesta Lolo
─Sinceramente creo que lo que me pasa por las noches es algo más que soñar, es como una conexión extrasensorial con ella.
Si esos ruidos que emite Lolo son carcajadas perrunas creo que le va a dar un ataque de un momento a otro.
─No me hagas reír que después me duele mi fina cintura. Eso son pamplinas. Ha sido un sueño y nada más. Pura chorra acertar algo así.
¿Tendrá cara el rechoncho? Es imposible que eso ocurra y menos con tanto detalle. En fin, está claro que estos dos no tienen intención de creerme pero al menos el blanquito está interesado en mis “oníricas historias”.
─¿Qué pasará si en mi próximo sueño vuelven a producirse cosas relacionadas con la vida de ella? ¿Me creerías entonces? ¿O es necesario que resucite a un muerto para que le deis credibilidad a lo que me pasa?
─Tampoco te rayes , me haces una pregunta que no sé contestar. Todo dependerá de la calidad del argumento que esgrimas después del sueño. Yo sueño con cuencos enteros de comida, sobre todo de carne de buey y eso no significa que tenga conexión directa , extrasensorial como dices tú, con el dueño de la granja que hay al lado del río.
─Vaya comparación más estúpida. ¡Qué tendrá que ver una cosa con la otra!. Bueno ya veremos que pasa la próxima vez y si todo esto solo ha sido una casualidad. Me voy a tumbar un rato que tanta conversación transcendental me deja agotado─ le digo a modo de sorna.
─Tienes tú de transcendental lo que yo cuerpo de concurso de belleza.


Ruta circular Beluso-Cabo Udra-Beluso (Bueu)
Nuestra ruta de hoy comienza en la parroquia de Beluso perteneciente al concello de Bueu (Pontevedra). Estamos en el puerto, a nuestra derecha las aguas de la playa de Rioba reflejan un cielo encapotado. Las nubes y la espuma del mar se funden en tibios colores blancos. Un abrazo ,ahora imposible pero lleno de deseo en las frías mañanas de niebla baja. Cuando dejamos atrás el espigón del puerto divisamos las numerosas bateas ondeando livianas sobre el agua y los peñascos que emergen como baluartes donde las aves buscan reposo. Las marcas de la ruta nos llevan calle arriba por una espinada cuesta, aquí abandonaremos la carretera para adentrarnos en el estrecho camino que perimetra una finca privada. El descenso de un largo tramo de escaleras nos acerca a la orilla. Un sendero estrecho, en el que apenas pueden cruzarse dos personas, serpentea entre pinos y eucaliptos la linea litoral. Abrupta linea de formas imposibles donde cada roca con su moldeado característico es labrado de embestida en embestida. Semejan seres inanimados apunto de despertar del sueño eterno donde los Dioses han petrificado algún cíclope o gigante. No todos son castigos del Olimpo, porque en lugares imposibles un paraíso de arena surge escondido en el fondo del camino. Pequeñas e idílicas calas de aguas cristalinas atrapan nuestras miradas y deseos.


─Acercaros─ nos susurran las ninfas del océano- y descansad vuestros cansados pies de caminantes en las saladas aguas del Atlántico. Aguas frías pero reconfortantes, llenas de milagrosos minerales que se filtraran suavemente por vuestros poros hasta llegar al corazón. Una vez el líquido elemento os recorra jamás otras aguas os harán sentir lo mismo.

Sabemos que ésta no será la única y obviamos los susurros como obviamos los cantos de las sirenas. Continuamos por el sendero cubierto de hojas. Cada paso cruje sobre el manto de hojas alargadas. Fatídica yesca que se acumula día a día, mes a mes, año a año, sin que parezca que la descomposición haga mella en ella. De frente uno de estos ejemplares de proporciones bíblicas casi obstruye el acceso a otra maravillosa playa. Esta vez debemos descender siguiendo las marcas, pero los susurros continúan como continúan los deseos de una zambullida en lugar sin parangón. El día no está excesivamente caluroso y hay actividades que solo están reservadas a valientes. Aguas cristalinas si, pero frías como la profundidad del Océano, de esas que activan los corazones de lento latir. No nos dejamos embaucar por los deseos de las ninfas y avanzamos presto sin volver la vista atrás temerosos de ser convertidos en estatuas de sal. No ofendáis a las ninfas, solo explicadles que lo que está por venir es tan hermoso como lo que queda atrás.

Así llegamos a la playa de Tulla, semi urbana, muy ventosa y con importantes desniveles formados por las dunas. Separada por unas rocas, a su derecha ,la pequeña playa nudista , a la que nosotros siempre llamábamos Tullita , solo separadas ambas en pleamar. A la izquierda la playa de Cornide, más escondida y repleta de conchas y rocas.

Bordeamos la playa para adentrarnos en la zona residencial. Casas de nueva construcciones conviven con las antiguas casas de pescadores, muchas rehabilitadas, y con viviendas móviles. Este paraíso de veraneo no ha dejado apenas un centímetro cuadrado sin un cierre de finca. Donde crees que no hay nada existe “algo” dispuesto a satisfacer la vida de sus habitantes a escasos metros de la playa. Y entre tristeza y algo de envidia abandonamos este laberinto de caminos para llegar al acceso próximo al aparcamiento de Cabo Udra. Desde aquí ,y al ser en esta zona un recorrido circular, puedes optar por ir a la izquierda o a la derecha. Nosotros nos desviaremos hacia a la izquierda bordeando el aparcamiento , convertido hoy en pista de inicio para el Cross de Cabo Udra. Desde aquí, otra vez a la izquierda, comienza una pequeña ascensión . Estamos en el Cabo propiamente dicho. Con un suelo pobre en nutrientes, falto de agua dulce y un elevado grado de pedregosidad, estas tierras se dedicaron, especialmente, a la ganadería. Pastores de las localidades cercanas traían a pastar a sus rebaños, principalmente razas autóctonas, a esta tierra agreste. Sabían sacar provecho a una escasa vegetación. Pero estos pastores, casi siempre de corta edad, pasaban la noche en el Cabo para evitar los largos recorridos hasta los establos. Y así, entre grandes “penedos” de roca nacen los “Chozos” o “Cortellas de Chan de Esqueiros” convirtiendose en refugios permanentes.

Las impresionantes rocas de formas redondeadas emergen desde las profundidades debido a la erosión. El agua subterránea les dio su redondez, y el agua de la lluvia las marcó con canales y “pias” donde la acumulación y el roce han desgastado los megacristales de feldespato. Rodeadas de helechos, madreselva y tojo marino proporcionan a este enclave una singularidad dual. Por una parte la majestuosidad de las grandes rocas y por otra la frondosidad de la tupida vegetación que hace inaccesible el acercamiento fuera de los caminos marcados. El singular tojo marino, ligeramente diferente al europeo, solo se da en el litoral gallego y en el del norte de Portugal. Muy aprovechado como fertilizante agrícola por su capacidad de asimilar el nitrógeno.

Y así llegamos al vértice de Cabo Udra. El mágico punto de inicio de dos rías, hacia el norte la Ría de Pontevedra y hacia el sur la Ría de Aldán. Las vistas no dejan indiferente a nadie. Sanxenxo, Islas Ons, Isla de Tambo y en los días de mucha visibilidad la Isla de Sálvora, las entradas a las rías de Arosa, Muros y Noia y la silueta de Finisterre. También Punta Couso y parte de las Islas Cies. En el punto más alto de Cabo Udra, Monte do Castro, se escoden los restos imperceptibles de un castro prerromano.

Oteando el horizonte con el mar en calma y un cielo cada vez más azul se dibuja una estampa idílica de los mares del sur , las Rías Baixas. Respirando hondo aspiramos la esencia del Atlántico. Veleros, mercantes, portacontenedrores, todo ellos surcan mecidos por las aguas en busca de algún puerto.

Descendemos la amplia pista para desviarnos por un sendero a la izquierda que nos llevará a la Playa de Mourisca. Tranquila, incluso en los meses de verano, este arenal de arena gruesa y venteada alberga una de las antiguas fábricas de Salazón de el Concello. Bueu fue durante dos siglos (XIX y XX) un punto clave en la salazón y conservación de pescado. En sus costas llegaron a existir cerca de treinta de estas fábricas. Con la desaparición de Masso se fueron perdiendo. Pero ésta, en concreto, ubicada a los pies de la playa, se ha conservado magníficamente, tanto sus muros como parte de su interior, “pias” y “machos”. Comprada y en proceso de restauración se ha salvado de un final incierto. Recorremos la playa por su borde exterior para, a través de un camino entre las rocas, llegar otra vez a la playa de Tulla. Esta vez recorremos su arenal. Las botas hundidas entre los gruesos granos levantan pequeñas salpicaduras de gotas cristalinas por donde la luz del sol, escaso, se filtra en múltiples colores. El olor de la salitre inunda las fosas nasales produciendo un efecto placebo de felicidad desmesurada. La mar, ese maravillosa criatura viva que avanza y retrocede influenciada por la luna.

 

A partir de ahora, desandaremos el camino de ida para llegar a través de la estrecha senda litoral hasta el Puerto de Beluso. Recordad que ahora, con las piernas algo cansadas, toca ascender la empinadisima escalera, animo el esfuerzo siempre merece la pena, porque en Rioba podréis observar y disfrutar de otra de las fabricas de salazón en la que no nos detuvimos en el camino de ida. Y por supuesto todavía estáis a tiempo de sumergiros en las frías aguas de la playa.

Y así , sin el baño deseado por cobardía mas que por pereza, termina nuestra ruta de hoy.

Ficha técnica

Dificultad: Fácil
Circular:
Tiempo estimado: 3,5 horas
Distancia: 10 kilómetros
Ruta marcada:
Fotos: José Rodríguez Pérez (excepto Chozo y fábrida de Mourisca)
Enlace Wikiloc: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18085175

Trilho da Carvalheira de Abedim en Monção (Portugal)

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera.

─¿Nos vas a contar de donde has sacado toda esa información sobre su otro perro?─ me gruñe Balú.
─Y dale, ya te he dicho que nunca he oído ese nombre antes.
─No me voy a creer de ninguna manera ese cuento chino.
─Pues tú mismo, es lo que he soñado y no tengo una explicación. A lo mejor es que he conectado con ella más de lo que lo estarás tú en toda tu vida.
─No me vaciles rubito , que te hago un tatuaje en esa cara bonita antes de que ella llegue para defenderte.
─Pues piensa lo que quieras, la próxima vez no te contaré nada de mis sueños.
─¿Qué pasa, piensas seguir dándonos la tabarra con mas historias como esas?. Ufff!! Paso de ti que me aburres soberanamente.

Balú se va, pero Lolo que ha estado escuchando sin abrir la boca se acerca a mi.

─¿En serio lo has soñado y no lo habías escuchado antes?. Yo no creo en esas cosas , pero ahora se me presenta una duda razonable. ¿Y si realmente tú aparición no ha sido una casualidad y tenéis entre ambos una conexión psíquica?
─No lo había pensado así, pero ahora que lo dices sería bastante lógico. No puedo recordar como llegué a esa autopista el día que me rescato pero si sé que tenía que subirme a ese coche si o si. Fue un palpito. Sabía que era el paso para una vida mejor.
─Pues si Balú no quiere escuchar tus historias yo si que quiero. Así que ya sabes, esta noche prontito a la cama para que te duermas y puedas narrarme historias más largas.
─Por supuesto, te contaré todo mis sueños incluso aquellos en los que nosotros no salgamos bien parados.
─No te preocupes solo tengo que abrir los ojos para ver la suerte que he tenido y tengo. Y eso no me lo va a arrebatar nadie, y menos tus historias que solo pasan cuando cierras los ojos.


 Trilho da Carvalheira de Abedim en Monção (Portugal)

Nuestra ruta de hoy comienza en el lugar Paraisal en la Freguesia de Abedim en el Concelho de Monçao (Portugal). Un recorrido paisajístico a través de bellos bosques bañados por pequeños arroyos que vierten sus aguas en el rio Gadanha. Partimos del edificio de la Junta da Freguesia de Abedim para ascender por la carretera hasta el lugar de Pereiro. Un lavadero restaurado y una pequeña capilla dan la bienvenida al caminante mientras se adentra poco entre sus casas. Corta es la distancia recorrida cuando nos encontramos con un camino empedrado y delimitado por un rústico muro de piedra. Los líquenes se adhieren a las rocas verticales decorando de tonos blanquecinos y ocres cada poro. En contraste las rocas del suelo brillan pulidas por el paso de los moradores y profundas marcas horadadas por carros sobreviven impertérritas al paso del tiempo. El camino salvaguarda las tierras de cultivo, y las hojas de las parras cuelgan verdes, brillantes y provocadoras sobre los muros. Poco a poco la vegetación va devorando los vallados y jóvenes ejemplares de castaños crecen disputándose la luz de sol que tímidamente asoma entre las nubes. Los helechos y el musgo disfrutan, de forma ambigua, de un mismo suelo. Verdes en la zona sombría y secos con matices marrones en la zona soleada. La primavera continua escasa de precipitaciones y las lineas de agua agonizan mientras discurren por la ladera sin apenas saciar la sed.

Las flores amarillas de la retama tiñen de color los diferentes verdes, mientras en el borde del camino los robles y los castaños se tocan en un abrazo infinito. El zumbido de las abejas buscando el dulce néctar de todas las flores del sotobosque se funde con el rumor del agua. Las hiedras trepan indómitas por los enormes troncos vistiendo de esmeralda las cortezas. La brisa del viento sopla suavemente meciendo las hojas en un baile sensual. Un vaivén hipnotizante que nos hace detener la marcha absortos en tal menester. No somos conscientes si han pasado unos segundos o por si al contrario el tiempo se ha detenido eternamente.

Cuando por fin salimos de nuestro letargo y avanzamos unos metros el sonido del agua desvía nuestros pensamientos hacia el líquido elemento. La pequeña fuente de piedra en el cruce de caminos vierte su tesoro al pequeño arroyo que cruza la senda. Y aquí, como un intruso, un enorme eucalipto de blanco tronco crece entre los robles robándoles sus nutrientes. En nuestro precioso bosque de robles se ha colado una amenaza, que por su tamaño, se afianza al suelo sin que nada le impida dominar el territorio. Porque de él caerán sus semillas y pequeños intrusos crecerán incontrolables ocultos entre los robles.

Piedras sobre el barro improvisan un puente que cruzamos para tomar el camino a nuestra izquierda. Salpicado de piedras y alfombrado de hojas de castaño la senda cruje bajo nuestros pies, los muros de piedra sujetan la tierra donde crecen los acebos. Gruesas capas de musgos y líquenes retinen la humedad creando mares de mullida superficie. Hemos llegado a una zona alta desde donde divisamos a lo lejos la montaña granítica de San Martinho da Penha. Atravesamos campos de cultivo y praderías, pace el ganado ajeno a nuestro paso mientras nos acercarnos a Gandrachao. Atravesamos su calle principal bordeada de casas de piedras hasta llegar a una pequeña capilla y una fuente. Aquí tomamos el camino que desciende. El agua corre por su suelo empedrado dando acceso a las fincas que lindan con la vía. Otra vez varios ejemplares de acebos crecen parejos a los muros. Sus diminutas bolas esperan el momento de tornarse a rojo intenso. El cielo cubierto con nubes espesas que se deslizan sobre un azul brillante veloces hacia el mar. Y nosotros descendemos igual de presurosos a través de una ancha pista de tierra hasta el recinto de San Martinho con zona de merendero y barbacoas. Las enormes formaciones rocosas impresionan por su aspecto. Como centinelas vigilantes del castillo se posicionan a ambos lados del estrecho camino que asciende a la Penha da Rainha. En castillo ya no existe, pero allá en lo mas alto de la montaña todavía se observa, para los ojos más expertos, la base de su Torre del Homenaje. La subida no es sencilla, entre peñascos y estrechos cortes en la roca la primera parada será la humilde capilla de San Martinho consagrada en el siglo XII por el obispo de Tui. De la primitiva capilla no queda nada y la actual data del siglo XVIII o XIX. Casi oculta, al igual que su jardín, la capilla es un transito hacia lo más alto. Allí arriba ,trepando por la escalera soldada a la piedra, un solitario árbol desafía el fuerte viento. Las vistas son impresionantes. El castillo dominaba los confines del reino hasta que las fronteras cambiaron de ubicación y perdió su importancia. Este lugar aislado y anticuado militarmente cayó en el ostracismo. Antes de abandonarlo lo convirtieron en ruinas y sus piedras fueron aprovechadas una a una en nuevas edificaciones religiosas. Pero todavía fluye la energía de tiempos pretéritos, la mirada de la Rainha vigilando sus tierras. Sentada en la ventana norte cepilla sus largos cabellos negros mientras el Rey ordena a las tropas replegarse. La batalla ha terminado y en los salones del castillo se preparan fastuosas fiestas . Engalanados con nuestros mejores ropajes asistimos entusiastas a la ceremonia en honor al antiguo Rey Abydis, del que muchos creen que Abedim tomó su nombre. Pero no podemos quedarnos para siempre. Descendemos la montaña sin dejar de admirar sus contorneadas rocas. Siguen centinelas protegiendo la magia de este lugar. Y mientras salimos del área del recinto no podemos evitar volver la vista atrás sabiendo que no nos convertiremos en sal, pero sí que San Martinho guiará nuestros pasos.

Desandando la pista de tierra llegamos a la carretera por donde descendemos hasta un desvío a la derecha. Este camino estrecho rebosante de tonalidades primaverales avanza entre bosque y fincas. Esta zona es donde las marcas están peor pero sabiendo que de frente no podemos continuar tomamos el camino de la derecha. Como una profunda herida en la tierra este paso de rectas paredes asciende suavemente. Dos casas que parecen deshabitadas limitan con el camino. Tras una puerta abierta una caja con antiguas fotografías nos hace detenernos. La curiosidad puede a la prudencia y mi mano ya extendida para obtener tan preciado tesoro tiene que detenerse a escasos centímetros, el posible propietario aparece de la nada de otra de las puertas. Un intercambio de saludos y continuamos, yo avergonzada, descendiendo el camino empedrado hacia Paraisal.

Y así termina nuestra ruta de hoy al pie de la capilla de este lugar de Abedim.

Ficha técnica

Dificultad: Fácil
Circular:
Tiempo estimado: 3,5 horas
Distancia: 10 kilómetros
Ruta marcada:
Fotos: José Rodríguez Pérez
Enlace Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17745314

Trhilo de Tongobriga en Freixo-Marco de Canaveses (Portugal)

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera

─Tienes razón. Terror debe ser feliz en su nuevo hogar.

Al llegar a casa Balú esperaba en el jardín. Ella no tenia claro como presentarle a Terror, así que decidió mandarme de avanzadilla.

─Entra tú primero y explícale a Balú lo que ha pasado. Después lo haremos nosotros.

Ecopista Valença do Minho-Monçao: segundo tramo desde Friestas a Monçao

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera
¡Que poca vergüenza llamarle a ese lodazal jardín! No quería que fuéramos a su casa para que no descubriéramos las condiciones en las que están los perros. Ella se bajo del coche para abrir el maletero. El sitio no era muy cómodo pero era el único sitio donde meter a Terror. Lo tomo por el collar y sin esfuerzo alguno salto dentro.

Ecopista Valença do Minho-Monçao. Primer tramo hasta Friestras

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera.
Aquellas palabras me llenaron de alegría pero ésta quedó ensombrecida por la incertidumbre de como irnos de allí sin salir mal parados y sin abandonar a Terror a una muerte segura.
─No te preocupes por lo de Viernes, he visto estos días algo en la redes sobre un perro como él que busca adoptante─ le dijo ella.

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