Los helechos

Fentos Fentos

El mundo del coleccionismo es de lo más variopinto y nadie se extrañaría si alguien expusiera su colección de tazas de water. El mundo de las plantas no es ajeno a esta fiebre siendo habitual que mucha gente tenga su debilidad por cactus, suculentas, orquídeas, carnívoras, o bonsais.

Los británicos, muy suyos, se reúnen en sociedades que incluyen plantas de lo más pintoresco British Clematis Society, es decir, Clemátides, que son unas ranunculáceas básicamente trepadoras, o la British Streptocarpus Society, ¿Strepto qué? Streptocarpus, pues eso, una suerte de violeta africana (Saintpaulia) que se conoce, más llanamente, como Prímula del Cabo.

Otras sociedades británicas son más normales y engloban a coleccionistas de rosas, tulipanes, o, como es mi caso, helechos pues, en el colmo del “friquismo” soy miembro de la British Pteridological Society y, más pronto que tarde, haré el asalto al poder empezando por socavar lo establecido y para ello me he inventado unas frases muy originales como: No es No, o váyase Mister Alison que es el nombre del nota que dirige el cotarro. ¿Brexit? A mí qué.

Los helechos (Pteridophyta) son plantas vasculares que, por decirlo sencillo, son aquellas que tienen raíz, tallo y hojas y, dentro de este grupo, son las más antiguas de la tierra pues ya estaban en nuestro planeta cuando los dinosaurios no eran ni tan siquiera un proyecto. Aparecen en el Devónico, hace 420 millones de años y, en aquel entonces, la proporción de CO2 en la atmósfera era 5 veces mayor que la actual, al aumentar el oxígeno lo normal sería que se extinguieran pero, afortunadamente, no ha sido así. Este cambio de condiciones es el que da lugar a que su hábitat actual más corriente sea el de sitios umbríos y húmedos, además de necesitar agua para que su reproducción sea efectiva.

Están determinadas cerca de 12.000 especies de helechos en todo el mundo y solo 71 de ellos son autóctonos de nuestra Comunidad, número que a mí se me hace un tanto generoso, de todas formas si buscamos por nuestra “Area Metropolitana”, solo encontraremos entre 30 y 40 especies, siendo afortunados, algunos de ellos se antojan un tanto escasos como estos que vamos a ver.

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Doradilla

La doradilla, douradiña en gallego, con nombre científico Ceterach officinarum Willd, cuyo nombre genérico proviene del árabe y significa pared húmeda, mientras que el específico es de origen latino y se puede traducir como “de las oficinas” que es el nombre que se la da a aquellas plantas que se usaban en las boticas y, en este caso, se utilizaba como remedio contra afecciones respiratorias, dolores del embarazo, o para combatir la fatiga.

Es un helecho pequeño cuyas frondas miden sobre 15 cm, de color verde oscuro por el haz y vellosas y plateadas por el envés, que parten de un rizoma corto y grueso que es muy importante para la pervivencia de la especie pues, en tiempo de sequía, se agostan las hojas y solo queda el rizoma “esperando” que llueva para volver a rebrotar. Es propio de ambientes calcáreos por eso no es corriente verlo por estos “lares”.

La primera vez que tuve conocimiento de su existencia fue a través de un amigo y compañero de Facultad, Celso, que lo encontró en un muro de Panxón donde era particularmente abundante, volví años después pero habían revocado el muro y desaparecido por completo. El año pasado se volvieron a cruzar nuestros caminos y lo encontré en un muro propiedad del Concello de Vigo, no voy a decir cual, no sea que actúe la paleta del albañil, pese a estar custodiado por una lagartija.

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Lengua de Ciervo

Otro que anda como Chuck Norris es la Lengua de ciervo, antes se veía en una zona de los montes comunales de San Andrés de Comesaña y ahora están “desparecidos en combate”, que libraron con las desbrozadoras, artilugio que manejan unos individuos con unas cataratas más grandes que las de Claude Monet y no reparan en eliminar lo que convendría conservar.

El Asplenium scolopendrium L (syn. Phyllitis scolopendrium (L) Newman) El nombre genérico proviene del griego que, naturalizado al latín, da el término splen que significa bazo pues tal órgano era culpable de la bilis negra que producía melancolía. No menos imaginativo es el nombre de la especie, que significa parecido a la escolopendra, vamos un ciempiés. No lo veo.

La lengua de ciervo, en Galicia “cerviña”, es un helecho fácilmente reconocible por tener las hojas enteras ligeramente onduladas, de una longitud de hasta 60 cm de largo y unos 5 cm de ancho, de color verde muy lustroso por el haz, más pálido por el envés donde se encuentran los soros, que son lineares, y parece que se les pegara un gusano peludo.
Después de muchos años sin haber visto una lengua de ciervo, finalmente di con ellas hace unos 2 años, había un total de 40 ejemplares, volví hace unos días para sacar la foto y solo quedaban cinco. Preocupante.