Coidado coa machada, Uxía

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (Segunda parte. IV)

Cuatro
El Rector no entendía por qué se le estaba acelerando el corazón mientras mantenía los ojos fijos en la manilla de la puerta. Podía ser cualquiera de los que habitaban en la ermita. Percibió de reojo el movimiento del gato. Giró un poco la cabeza pero el animal ya había desaparecido. Comprendió entonces que la presencia del gato era lo que le intranquilizaba.

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (Segunda parte III)

Tres 
El viejo roncaba en dos notas acompasadas, una grave prolongada y la otra seca aguda. Dejó de respirar unos segundos y de pronto abrió los ojos. Hacía solamente media hora que había salido el sol. Trató de recuperar algo soñado pero las imágenes se deshilacharon. La boca seca le hizo pensar en un trago.

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (Segunda parte II)

Dos
El asunto de los meñiques amputados le trajo a la memoria el diario Pueblo, cerrado meses atrás, en el que había leído un artículo del periodista Marlasca en la sección de Sucesos. Ambos habían trabado amistad a raíz del caso de un hombre que había sido quemado vivo dos veces. Cuando el periódico salía de la rotativa por última vez, el periodista le había regalado un ejemplar que aún manchaba los dedos de tinta.

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (Segunda parte I)

SEGUNDA PARTE. I 

Al salir de una curva encajonada entre pinos un guardia civil les hizo señas con la linterna amarilla para que detuvieran el vehículo unos metros antes de las cintas que perimetraban toda la carretera a lo largo de cincuenta metros. Una luna blanca enorme apagaba las estrellas.

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (XXI)

XXI.
En el instante en que el Land Rover encendía las luces y arrancaba con los dos policías y el cabo, el Rector cruzaba el atrio a buen paso gritándoles que esperasen. Hablaron por la ventanilla.
─Inspector, tiene una llamada telefónica de Orense. El comisario está al teléfono, desea hablar con usted, y si me permite el comentario, creo que no está de buen humor. Le llamó hará algo más de una hora, pero no pudimos localizarle.

Su mal humor es parte de su trabajo, pensó Romasanta.

El Paraíso está a dos metros bajo tierra (XX)

XX

Romasanta cruzó el puente y torció a la izquierda en dirección al alboroto de las aves. Cincuenta pasos antes de llegar a la casa se detuvo para contemplar el espectáculo. El tejado estaba totalmente cubierto de pájaros oscuros que desplegaban las alas para elevarse y que volvían a posarse estorbándose unos a otros. La casa era un edificio abandonado pero que conservaba las paredes recias y estaba flanqueado por dos cipreses. Se acercó lentamente sin dejar de observar las aves.

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