Sra. de Rodríguez

Sra. de Rodríguez

URL del sitio web:

Trilho da Carvalheira de Abedim en Monção (Portugal)

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera.

─¿Nos vas a contar de donde has sacado toda esa información sobre su otro perro?─ me gruñe Balú.
─Y dale, ya te he dicho que nunca he oído ese nombre antes.
─No me voy a creer de ninguna manera ese cuento chino.
─Pues tú mismo, es lo que he soñado y no tengo una explicación. A lo mejor es que he conectado con ella más de lo que lo estarás tú en toda tu vida.
─No me vaciles rubito , que te hago un tatuaje en esa cara bonita antes de que ella llegue para defenderte.
─Pues piensa lo que quieras, la próxima vez no te contaré nada de mis sueños.
─¿Qué pasa, piensas seguir dándonos la tabarra con mas historias como esas?. Ufff!! Paso de ti que me aburres soberanamente.

Balú se va, pero Lolo que ha estado escuchando sin abrir la boca se acerca a mi.

─¿En serio lo has soñado y no lo habías escuchado antes?. Yo no creo en esas cosas , pero ahora se me presenta una duda razonable. ¿Y si realmente tú aparición no ha sido una casualidad y tenéis entre ambos una conexión psíquica?
─No lo había pensado así, pero ahora que lo dices sería bastante lógico. No puedo recordar como llegué a esa autopista el día que me rescato pero si sé que tenía que subirme a ese coche si o si. Fue un palpito. Sabía que era el paso para una vida mejor.
─Pues si Balú no quiere escuchar tus historias yo si que quiero. Así que ya sabes, esta noche prontito a la cama para que te duermas y puedas narrarme historias más largas.
─Por supuesto, te contaré todo mis sueños incluso aquellos en los que nosotros no salgamos bien parados.
─No te preocupes solo tengo que abrir los ojos para ver la suerte que he tenido y tengo. Y eso no me lo va a arrebatar nadie, y menos tus historias que solo pasan cuando cierras los ojos.


 Trilho da Carvalheira de Abedim en Monção (Portugal)

Nuestra ruta de hoy comienza en el lugar Paraisal en la Freguesia de Abedim en el Concelho de Monçao (Portugal). Un recorrido paisajístico a través de bellos bosques bañados por pequeños arroyos que vierten sus aguas en el rio Gadanha. Partimos del edificio de la Junta da Freguesia de Abedim para ascender por la carretera hasta el lugar de Pereiro. Un lavadero restaurado y una pequeña capilla dan la bienvenida al caminante mientras se adentra poco entre sus casas. Corta es la distancia recorrida cuando nos encontramos con un camino empedrado y delimitado por un rústico muro de piedra. Los líquenes se adhieren a las rocas verticales decorando de tonos blanquecinos y ocres cada poro. En contraste las rocas del suelo brillan pulidas por el paso de los moradores y profundas marcas horadadas por carros sobreviven impertérritas al paso del tiempo. El camino salvaguarda las tierras de cultivo, y las hojas de las parras cuelgan verdes, brillantes y provocadoras sobre los muros. Poco a poco la vegetación va devorando los vallados y jóvenes ejemplares de castaños crecen disputándose la luz de sol que tímidamente asoma entre las nubes. Los helechos y el musgo disfrutan, de forma ambigua, de un mismo suelo. Verdes en la zona sombría y secos con matices marrones en la zona soleada. La primavera continua escasa de precipitaciones y las lineas de agua agonizan mientras discurren por la ladera sin apenas saciar la sed.

Las flores amarillas de la retama tiñen de color los diferentes verdes, mientras en el borde del camino los robles y los castaños se tocan en un abrazo infinito. El zumbido de las abejas buscando el dulce néctar de todas las flores del sotobosque se funde con el rumor del agua. Las hiedras trepan indómitas por los enormes troncos vistiendo de esmeralda las cortezas. La brisa del viento sopla suavemente meciendo las hojas en un baile sensual. Un vaivén hipnotizante que nos hace detener la marcha absortos en tal menester. No somos conscientes si han pasado unos segundos o por si al contrario el tiempo se ha detenido eternamente.

Cuando por fin salimos de nuestro letargo y avanzamos unos metros el sonido del agua desvía nuestros pensamientos hacia el líquido elemento. La pequeña fuente de piedra en el cruce de caminos vierte su tesoro al pequeño arroyo que cruza la senda. Y aquí, como un intruso, un enorme eucalipto de blanco tronco crece entre los robles robándoles sus nutrientes. En nuestro precioso bosque de robles se ha colado una amenaza, que por su tamaño, se afianza al suelo sin que nada le impida dominar el territorio. Porque de él caerán sus semillas y pequeños intrusos crecerán incontrolables ocultos entre los robles.

Piedras sobre el barro improvisan un puente que cruzamos para tomar el camino a nuestra izquierda. Salpicado de piedras y alfombrado de hojas de castaño la senda cruje bajo nuestros pies, los muros de piedra sujetan la tierra donde crecen los acebos. Gruesas capas de musgos y líquenes retinen la humedad creando mares de mullida superficie. Hemos llegado a una zona alta desde donde divisamos a lo lejos la montaña granítica de San Martinho da Penha. Atravesamos campos de cultivo y praderías, pace el ganado ajeno a nuestro paso mientras nos acercarnos a Gandrachao. Atravesamos su calle principal bordeada de casas de piedras hasta llegar a una pequeña capilla y una fuente. Aquí tomamos el camino que desciende. El agua corre por su suelo empedrado dando acceso a las fincas que lindan con la vía. Otra vez varios ejemplares de acebos crecen parejos a los muros. Sus diminutas bolas esperan el momento de tornarse a rojo intenso. El cielo cubierto con nubes espesas que se deslizan sobre un azul brillante veloces hacia el mar. Y nosotros descendemos igual de presurosos a través de una ancha pista de tierra hasta el recinto de San Martinho con zona de merendero y barbacoas. Las enormes formaciones rocosas impresionan por su aspecto. Como centinelas vigilantes del castillo se posicionan a ambos lados del estrecho camino que asciende a la Penha da Rainha. En castillo ya no existe, pero allá en lo mas alto de la montaña todavía se observa, para los ojos más expertos, la base de su Torre del Homenaje. La subida no es sencilla, entre peñascos y estrechos cortes en la roca la primera parada será la humilde capilla de San Martinho consagrada en el siglo XII por el obispo de Tui. De la primitiva capilla no queda nada y la actual data del siglo XVIII o XIX. Casi oculta, al igual que su jardín, la capilla es un transito hacia lo más alto. Allí arriba ,trepando por la escalera soldada a la piedra, un solitario árbol desafía el fuerte viento. Las vistas son impresionantes. El castillo dominaba los confines del reino hasta que las fronteras cambiaron de ubicación y perdió su importancia. Este lugar aislado y anticuado militarmente cayó en el ostracismo. Antes de abandonarlo lo convirtieron en ruinas y sus piedras fueron aprovechadas una a una en nuevas edificaciones religiosas. Pero todavía fluye la energía de tiempos pretéritos, la mirada de la Rainha vigilando sus tierras. Sentada en la ventana norte cepilla sus largos cabellos negros mientras el Rey ordena a las tropas replegarse. La batalla ha terminado y en los salones del castillo se preparan fastuosas fiestas . Engalanados con nuestros mejores ropajes asistimos entusiastas a la ceremonia en honor al antiguo Rey Abydis, del que muchos creen que Abedim tomó su nombre. Pero no podemos quedarnos para siempre. Descendemos la montaña sin dejar de admirar sus contorneadas rocas. Siguen centinelas protegiendo la magia de este lugar. Y mientras salimos del área del recinto no podemos evitar volver la vista atrás sabiendo que no nos convertiremos en sal, pero sí que San Martinho guiará nuestros pasos.

Desandando la pista de tierra llegamos a la carretera por donde descendemos hasta un desvío a la derecha. Este camino estrecho rebosante de tonalidades primaverales avanza entre bosque y fincas. Esta zona es donde las marcas están peor pero sabiendo que de frente no podemos continuar tomamos el camino de la derecha. Como una profunda herida en la tierra este paso de rectas paredes asciende suavemente. Dos casas que parecen deshabitadas limitan con el camino. Tras una puerta abierta una caja con antiguas fotografías nos hace detenernos. La curiosidad puede a la prudencia y mi mano ya extendida para obtener tan preciado tesoro tiene que detenerse a escasos centímetros, el posible propietario aparece de la nada de otra de las puertas. Un intercambio de saludos y continuamos, yo avergonzada, descendiendo el camino empedrado hacia Paraisal.

Y así termina nuestra ruta de hoy al pie de la capilla de este lugar de Abedim.

Ficha técnica

Dificultad: Fácil
Circular:
Tiempo estimado: 3,5 horas
Distancia: 10 kilómetros
Ruta marcada:
Fotos: José Rodríguez Pérez
Enlace Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=17745314

Ruta dos Fornos de Celavente. O Bolo

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera

No se hable más, será Kazán a partir de hoy. Y Terror, ahora Kazán, comenzó a ladrar como no lo había hecho jamás. Esos ladridos me despertaron de mi pesadilla. Todavía con el corazón a cien por hora doy vueltas sin parar en la cama.

Trhilo de Tongobriga en Freixo-Marco de Canaveses (Portugal)

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera

─Tienes razón. Terror debe ser feliz en su nuevo hogar.

Al llegar a casa Balú esperaba en el jardín. Ella no tenia claro como presentarle a Terror, así que decidió mandarme de avanzadilla.

─Entra tú primero y explícale a Balú lo que ha pasado. Después lo haremos nosotros.

Ecopista Valença do Minho-Monçao: segundo tramo desde Friestas a Monçao

Historias de un viernes, pero no un Viernes cualquiera
¡Que poca vergüenza llamarle a ese lodazal jardín! No quería que fuéramos a su casa para que no descubriéramos las condiciones en las que están los perros. Ella se bajo del coche para abrir el maletero. El sitio no era muy cómodo pero era el único sitio donde meter a Terror. Lo tomo por el collar y sin esfuerzo alguno salto dentro.

Suscribirse a este canal RSS