Ruta da «Pedra do Lobo» en Covelo (Pontevedra)

La ruta nos ofrece rincones maravillosos como este del río Porrón La ruta nos ofrece rincones maravillosos como este del río Porrón

Mientras bebo veo mi cara reflejada en el agua. ¡Pero si soy un bombón! Anda, ¿qué es eso que se mueve ahí abajo? Dicen que en este rio viven unos peces prehistóricos y que tienen una ventosa por boca. ¿Os imagináis nadar por estas aguas y que una cosa de esa se enrede en vuestras patas? Creo que cruzaría a la otra orilla a velocidad de crucero.

Pero el pez que asoma su boca no es más que una trucha gorda y brillante que ya quisieran atrapar los pescadores de la zona. Me gustaría quedarme a jugar con ella pero me han dejado atrás y no quiero perderme. Es mi primera vez por estos lares y me falta mucho por marcar.

─¡Viernes, venga, que te quedas atrás! ─me grita ella─ Nos queda un largo camino que recorrer. Tenemos que salir a la ecopista por la granja y llegar a casa para comer.

Salgo en tropel y con la lengua fuera alcanzo a Lolo.

─Oye blanquito, ¿la granja esa está muy lejos?
─Para mi gusto si, pero para el «correcaminos» que va delante siempre es demasiado cerca. Y encima huele fatal.
─¿Y es bonito lo que queda por ver? Por aquí es la primera vez que venimos y me encantan todas esas plantaciones de kiwis en las que se puede correr bajo los emparrados. Salen pájaros a puñados a cada paso que damos. Pobres, vaya sustos que se llevan. Como caze uno se lo llevaré de regalo a ella.
─¿Como vas a llevarle un pájaro?.¡Estás loco! Se enfada si los cogemos. Así que ni se te ocurra acercarte a ella con uno en la boca.
─Gracias tio, no esperaba que me ayudaras a hacer las cosas bien. Eres un buen perro, un poco gruñón para mi gusto, pero bueno. No me extraña que seas su favorito.

Acabo de dar en la tecla, Lolo abre los ojos y un brillo triunfal resplandece y se refleja sobre el azul del agua.


Ruta da Pedra do Lobo en Covelo (Pontevedra)
La ruta de hoy comienza en la parroquia de O Castro en el Concello de Covelo (Pontevedra). Un recorrido de 9 kilómetros entre ríos y montañas. Molinos, grañas y regatos completan una ruta de belleza extraordinaria. Guiados por el sonido del agua descendemos hacia el río Porrón o también llamado río Ponte Piñeiro y el inicio del Camiño das Caldiñas. Sobre el puente ,y contemplando el área de descanso, las gotas que descienden atropelladas entonan la melodía de las primeras lluvias.

Este acceso, próximo al cauce, asciende altivo entre robles de marrones hojas. En cada ráfaga de aire abandonan las ramas creando un lecho mullido cual alfombra tejida por manos artesanas. Hermosos dibujos de ocres y verdes esconden la senda que a su vez es tomada por las aguas de la lluvia que se deslizan ladera abajo al abrazo del río. Alzamos los ojos y una cadena de pequeñas cascadas rugen saltando de piedra en piedra en competición desigual. Las raíces de los árboles de este bosque de ribera fijan las tierras evitando la erosión. Sauces, abedules, alisos y fresnos se recortan en el cielo dejando los huecos por donde la luz trémula del invierno penetra tímida. El Camiño das Cadiñas nos deja al borde de la carretera y solo tendremos que andar unos metros para desviarnos a la derecha y seguir las huellas de lobo que en algunos tramos sirven para la marcar la ruta. Este ancho camino conduce al área de recreo donde el «Muiño do Cubo» y las ruinas de otro con su levada dan al conjunto etnográfico un aire acogedor y relajante. Escuchando el murmullo de las aguas y observando los helechos reales detenemos nuestra marcha. Unos minutos descubriendo sus rincones mágicos y reemprendemos la marcha. Poco a poco la arboleda ha dejado paso al monte bajo con abundancia de tojo y al tomar altura unas espectaculares vistas sobre el valle aparecen ante nuestros ojos. Los bancos de niebla colorean de blanco las zonas bajas como si el mar avanzara tierra adentro engullendo todo a su paso. Todavía las copas de los grandes eucaliptos alcanzan nuestro nivel, y esquivando su silueta ,las sombras de nuestros cuerpos trazan negras y alargadas lineas sobre el suelo terroso.


Caminamos paralelos a un cercado hasta la puerta de acceso. Con la precaución de volver a cerrarla entramos en un extenso prado de pasto. En su parte alta los robles vuelven a crecer bordeando el camino que señala la Braña da Chan de Lodoso. Estas brañas son pastizales casi siempre húmedos, donde el abundante ganado suelto se alimenta ajeno a las sequías que azotan otros partes de la comunidad.

Troncos retorcidos y cubiertos de musgo, arboles caídos sobre muros de piedra y un verde brillante que lo cubre todo hace de esta sombría zona un lugar casi fantasmal. Solo el brillo del sol, cuando las nubes avanzan , le devuelve la luz suficiente para descubrir que la naturaleza es bella en cualquiera de sus estados.

Caminamos hasta el limite de la propiedad de la comunidad de Montes de Santiago de Covelo. Estamos en los «piñeirais do alto de Fontefria» Esta comunidad conserva y gestiona una de las extensiones mas importante de pino rubio en Galicia, donde el «bicotorco común» tiene una población nidificante casi única en la península ibérica. Una producción sostenible de madera, leña, pastos para ganado, setas y piñones combinan la rentabilidad económica y la conservación.

El descenso, rodeados de pinos, a través de una amplia pista, desemboca en la braña da Porta do Boi. Ésta es la turbera mas extensa de toda la comunidad de montes. Con casi de 2,3 hectáreas acumula las reservas de agua y frena la erosión que podría producirse en las zonas bajas. El pasto humedecido , cobijo de todo tipo de insectos y roedores, cambia de nombre cuando se producen abombamientos cubiertos de musgos y agua ,pasando a denominarse «porcas preñadas», «porcas preñas» o «porcas pandeiras». Apenas crecen árboles sobre este terreno turboso pero si pequeños arbustos como la Erica o plantas como la orquídea maculada. Los nutrientes fundamentales como el nitrógeno o el fósforo son escasos por lo que plantas como la Drosera Rotundifolia solventan esta escasez con una actividad insectívora.. Un suelo tan inestable desaconseja el internarnos en estas brañas. Dejamos , por tanto, que todo su actividad se genere sin la intromisión de nuestras pesadas botas. Las plantas carnívoras y las orquídeas estarán a salvo de los visitantes si todos nos conformamos con una mirada desde el mismo borde de la braña. No conseguimos ver ninguna de estas dos plantas pero nos las imaginamos con sus hojas llamativas y pegajosas unas y con sus flores delicadas las otras.

Por el desvío a la izquierda recorremos una zona recién desbrozada donde la acción del hombre deja no solo el camino transitable sino lleno de paquetes de tabaco y latas de re fresco. Es como si una bofetada cruzara nuestra cara advirtiéndonos lo fácil que es convertir un lugar idílico y sostenible en un pequeño basurero. La retamas lloran no por los cortes en sus ramas sino por el agravio a la que han sido sometidas. Consienten perder parte de si mismas, incluso su vida completa a cambio de permitirnos el paso pero no soportan la impunidad del desaprensivo que ensucia y humilla.

Atravesando otra zona de pinares poco a poco descendemos a través de un camino forestal donde la densidad arbórea se hace cada vez mas escasa pero con unas panorámicas magnificas. Nuestra ruta circular nos lleva a hacer un cruce sobre nuestro trazado. Cruzando la pontella de piedra sobre el rio y llegando a la fuente dos Bridos tomamos el desvío que aparece a la derecha hacia el puente de madera. Una bajada corta pero vertiginoso nos sitúa en un precioso puente de madera . El arroyo cae en cascada sobre el lecho y las gotas resplandecen como diamantes en bruto bailando en suspensión y salpicando nuestras caras mientras su acumulación en la madera a lo largo del tiempo forma una fina pero resbaladiza película que nos obliga a cruzar con precaución. Continuamos debiendo subir una pequeña escalinata metálica y alcanzar otra «pontella» de grandes losas de piedra. Piedras alineadas que como por arte de magia se mantienen suspendidas para facilita el paso sobre las frías y cristalinas aguas.

Avanzamos por esta zona de monte bajo donde encontramos la derivación hacia el alto de Coto Barobe . Desde aquí en los días claros,disfrutaremos de unas vistas panorámicas maravillosas. La cadenas montañosas que se superponen al frente rozan levemente los nubes densas con sus formas caprichosas y el azul intenso del cielo lucha por abrirse paso.

Volvemos a recuperar el camino arbolado y la senda ,flanqueada por muros de piedra y suelo irregularmente empedrado, se detiene frente a una valla. Debemos bordear el cercado y en la primera rampa que encontramos, estrecha y empinada, descendemos para seguir la pista. Esta desemboca en la carretera , en O Castro, justo enfrente del Via Crucis y la pista que nos lleva al Cruceiro. Esta enorme cruz se sostiene en una roca donde se pueden ver unos petroglifos. Y entre toda la maleza que crece en el lado izquierdo los restos de un castro «Castro de Covelo¨ sobrevive al paso del tiempo. Leyendas de «mouros» y oro sobrevuelan estas piedras ancestrales.

Y desde aquí, descendemos por la carretera y ,o bien utilizamos el «Camiño das Caldiñas» o bien continuamos por la carretera ,hasta llegar al punto de inicio. La señalización de la ruta se ha perdido en varias zonas o están rotas en otras, por lo que se recomienda llevar gps o la ruta descargada.

Y así termina nuestra ruta de hoy en el Concello de Covelo donde todavía nos quedan muchas rutas por recorrer.

Ficha técnica

Dificultad: Fácil
Circular:
Tiempo estimado: 2,5 horas
Distancia: 9 kilómetros
Ruta marcada:
Fotos: José Rodríguez Pérez
Enlace Wikiloc: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=21565486