El drama de la posesión

Desde hace años circula por Internet una imagen de Pep Guardiola que reza: “Perdimos 5-0. Pero no importa, tuvimos la posesión”. Obviamente, es una exageración sobre ese estilo de juego del entrenador del Manchester City que ha hecho del toque su seña de identidad.

Aunque Guardiola lo llevó a su máximo exponente creando el mejor equipo de la historia (opinión personal y esquivando cuchillos madridistas), la escuela del Barça destaca por el buen trato de pelota y el sobeteo desmedido pero con criterio del balón. Muchos han imitado el estilo de Pep pero ninguno, ni siquiera el mismo, ha superado a su pasado.

Independientemente de que guste más o menos, el librillo de entrenador de Guardiola tiene un problema tremendo. El primero es que la posesión no sirve de nada si no se intenta morder al rival. Y digo morder en todas las facetas, una presión alta equivale a una recuperación rápida, y esta, a su vez, significa que, de nuevo, tenemos la pelota. Y cuando tenemos el balón lo movemos de forma rápida, incisiva y generando peligro en el área contraria.

El Celta contra el Espanyol, de eso, «ná de ná». Ni presión alta, ni recuperación rápida, ni siquiera juego de toque. Alguna jugada aislada, pero ni rastro de lo que venimos viendo desde hace un par de temporadas. El toque es un estilo de juego vistoso y efectivo si se busca la verticalidad. Extremos que rompen, volcar la posesión en una banda para generar un cambio de juego rápido que provoca un dos contra uno mientras el lateral dobla, etcétera. Y el lunes, el Celta no es que no hiciese eso, es que ni se acercó. El conjunto celeste se vio superado en todo momento por un Espanyol que salió más que enchufado. Si a eso le sumas un Aspas fallón (pero se te perdona todo), y un Sisto y un Lobotka que parecieron quedarse en Vigo, pasa lo que pasó.

Unzué lleva una victoria (y no muy clara) en cuatro partidos. Quiero pensar que el efecto será similar al de Luis Enrique (inicio titubeante y final fulgurante) pero algo me dice que no. Jozabed es un virtuoso pero no es el mismo que deslumbró en el Rayo, el Tucu sigue en el banquillo mientras yo me doy cabezazos contra la pared, y de la defensa mejor no hablamos porque algunos ya llevamos varias temporadas quejándonos.

Puede parecer un artículo oportunista, pero nada más lejos de la realidad. La confianza en el equipo es total, pero Unzué debe cambiar y dar un golpe sobre la mesa. Queda mucho camino, hay mucha temporada por delante y estamos lejos de alcanzar el mejor nivel de juego. Pero parece que el velo del fichaje ilusionante de Emre Mor no nos ha dejado ver la realidad. Un fichaje de relumbrón no garantiza una buena temporada. Unzué debe dar con la tecla cuanto antes y, sobre todo, debe convencer. Berizzo perdió muchos partidos (llegó a sumar 2 puntos de 30 posibles) pero nunca hubo una sensación tan brutal (o al menos yo no la recuerdo) de que algo no funcionaba. Por intensidad, o por fortuna, su equipo mordía.

El problema es que Unzué (y de una forma injusta debo reconocer) cuenta con un crédito menor por el buen legado dejado por su predecesor. Por eso debe apretar los dientes y contagiar a sus jugadores de un espíritu de lucha que tenían con y que han perdido esta temporada. Si no ocurre, lo dicho. Tendremos la posesión, y perderemos 5-0. Las imágenes virales se volverán contra nosotros, Aspas fichará por el Depor, Tamas volverá a ser el eje de la defensa, y Stoichkov sustituirá a Unzué. Vale, igual soy un poco pesimista. Unzué, por favor, aprieta porque mi imaginación ya está generando un drama.