Otro año igual, pero con diferencias

Pronto me van a caer los 58 de vida y más de ellos 50 pescando y 35 en el mundo del periodismo (fuera modestias, ¡viviendo de él!, coño) de los que casi 30 en el especializado. Nací a 100 metros del río Ulla y eso imprimió mi debilidad por los ríos, por los peces y por el deporte de la pesca. El 18 de marzo dejé atrás docenas de años en los que la noche de la desveda la pasaba –como muchos otros pescadores contando truchas, que no ovejas.

Este año fue diferente a todos los anteriores y como pescador que soy, me aferro a cualquier disculpa antes de entonar un mea culpa. Es por ello que las horas anteriores al comienzo de la temporada de trucha las pasé con mi amigo Morfy sin reparar ni lo más mínimo en cómo acercarme al agua, saludar a otros cofrades, largar la primera varada, comer el bocata...

Y debo poner la excusa de la cantidad de agua que llevaban los ríos o la del desasosiego que nos inunda a los pescadores o la del contrastado declive de los salmónidos; el caso es que una noche que llevo años y años pasando casi en vela, este año fue una noche de sueño y descanso reparador.

Y créanme, no sé si esto será bueno o no tan bueno, la cuestión ha generado en mí una duda que tardaré un año en saldar. ¿Dormiré a pierna suelta el año que viene o pasaré la noche lleno de ilusión por volver a pescar como me sucedía antes?

A ciertas edades es mejor descansar plácidamente que darle vueltas y vueltas al marmolillo pero ambas actitudes tienen el mismo peligro. Si no duermes, como era habitual, en algún momento de la noche llegabas a pensar –aunque fuese de simple refilón en los inútiles causantes de todo lo que pasa con la pesca en Galicia y llegado el caso tienes que hacer un acto de contrición para que esas apariciones no te amarguen el descanso y te sumerjan en un cabreo de sete estalos. Y si duermes, debes tener cuidado para que en tus sueños –si le pegaste a algún espirituoso que te ayuda a conciliar no se te aparezca alguno de esos mismos fantasmas y transforme tu solaz sueño en cruenta pesadilla.

Hasta ahora lo fui consiguiendo y jamás mi retorcida mollera llegó a escenificar la aparición de un Hervella ni cosa semejante pero viendo lo que pasa tengo mis dudas.

Por todo ello, y ante el shock irreparable que me pueda provocar llegar a soñar con alguno de esos fantasmas que están hundiendo la pesca continental en Galicia, me propongo seguir aireando sus miserias profesionales para no correr riesgos que puedan dañar seriamente mi salud.

Era lo que nos faltaba, además de tener que soportar a esta caterva de incompetentes y pagarles el sueldo con nuestros impuestos.

Lo único bueno es que cada vez falta menos, no sé bien para qué, pero falta menos.

Mientras tanto seguimos caminando hacia el desastre final al que nos abocan estos fenómenos de medio pelo, soberbia desmedida y poco cerebro.

Miguel Piñeiro

Escritor, periodista y editor

miguelpesca.com