Las palmeras (III)

Hasta ahora vimos palmeras de cultivo relativamente corriente por nuestra zona, pero hay otras que lo más normal es encontrarlas en parques, lo que no quiere decir que no las podamos observar en fincas particulares, que en muchos casos, y según me cuentan, provienen de personas retornadas de Sudamérica, claro que, como dice el proverbio árabe, el dice lo que oye, cuenta lo que no ve, en contraposición del castizo “cuando el rio suena, es que agua lleva”.

En Vigo el lugar más cercano donde podemos observar varios ejemplares de este tipo es el Parque Quiñones de León que, aparte de cercano, tiene una cuantas especies poco comunes, además es gratis y lo único preocupante es que la parte del jardín inglés debemos visitarla pronto no sea cosa que cuando se consuma el Brexit nos pidan el pasaporte. Pérfida Albión.

¡No señor Pusdemón, no hay jardín catalán!

Tras poner cara de turista y, nada más franquear la puerta, nos topamos, a la mano derecha, el primer ejemplar:

palmeras III livistona

LIVISTONA CHINENSIS. Palmera China de abanico
El género Livistona consta de unas 34 especies propias del sur de África, Asia y Oceanía y esta, en particular, se trata de la Livistona chinensis (Jack) R. Br ex Mart, que debe su nombre genérico a Patrick Murray, Barón de Livingstone, que construyó un jardín en su pueblo, es decir Livingstone, a finales del siglo XVII, hago la aclaración del pueblo porque el Conde de Gondomar vive en Madrid. El nombre específico se debe a unos de sus lugares de origen, China que comparte área de distribución con Japón y Taiwan.

Alcanza unos 10 metros de altura con un grosor de tronco, que es liso, de 30 centímetros y sus hojas son de tipo abanico, palmadas, de 1,5 de longitud y con un peciolo triangular con espinas en la base. Las flores son amarillas que se reúnen en inflorescencias de 1,5 metros, dando unos frutos azul negruzcos.

Cuando llegan a un cierto tamaño son fáciles de cuidar, además aguantan heladas de hasta unos -10ºC, pero los especímenes juveniles son muy sensibles al frio.

Si seguimos caminando llegamos al jardín francés con los setos de boj que nos anuncian “Non tocar aplicación de fitosanitarios no labirinto de buxos”, con su camelia Matusalén, muy centrada y ejerciendo como presidente de la comunidad, después pasamos a una zona menos abigarrada donde nos encontramos con el mayor número de palmeras, como la de Senegal, la de Canarias y el palmito elevado, de las que ya hablamos, y que vienen siendo estas:

palmeras III butia

BUTIA
La Butia capitata (Mart) Becc, recibe el nombre por ser como se la conoce vulgarmente en Brasil, y el término capitata viene a significar “cabezuda” por la disposición de su capitel de hojas, es originaria del sur de Brasil, Uruguay y norte de Argentina.

Es una palmera que raramente sobrepasa los seis metros de altura y con un tronco relativamente grueso de unos 60 centímetros. Las hojas alcanzan los 2,5 metros de longitud, son pinnadas y de un color verde grisáceo, muy arqueadas y con rugosidades en la base del peciolo.

Las flores de color amarillento se disponen en racimos de hasta 1,5 metros y de las que saldrá un fruto amarillo-anaranjado del tamaño de una cereza picota de la que se extrae un jalea, de ahí que uno de sus nombre comunes es Palmera de la Jalea, en Galicia, más enxebres, las “aliñamos” en aguardiente, situación de competitividad que observé una fábrica viguesa y que consistía en ver quien vareaba más para meter en el bote.

palmeras III coco

COCO PLUMOSO
Se le conoce también como Pindó y Palmera Reina, su nombre científico es Syagrus romanzoffiana (Cham) Glassman cuyo nombre genérico, se supone, es el que dio Plinio el Viejo a las palmera datilera, mientras el de la especie está dedicada a un conde ruso, Nicolás Romanzoff, que fue el propulsor de una expedición que buscaba un paso entre el Pacífico y el Atlántico.

Procede del cono Sur de Sudamérica, y es una palmera adaptable a muchos tipos de suelo, aguanta la contaminación y le pasa como a mí, no le gustan las heladas. Alcanza los 15 metros de altura con un grosor de tronco de unos 60 centímetros en la base y bastante más delgada a medida que asciende, grácil que se dice. Las hojas son palmadas, de unos 3 metros que, cuando secan, dan un aspecto descuidado. Las flores se agrupan en racimos, son de color amarillento y dan lugar a un fruto de unos 2 centímetros, con forma de huevo y color anaranjado al madurar, no muy apetecible para los humanos pero se usa como alimento de los animales. Cuestión de gusto.

Otra palmera plantada en este parque es la Howea forsteriana Becc, que viene a ser la conocida Kentia, muy típica como planta de interior, pero del tema de las palmera que podemos cultivar en nuestros hogares, hablaremos otro día. Carpe diem.

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