Thuja Plicata

Hace unos días me encontré con un colega de estos que, pasados los años, quedan borrosos en la memoria. "¡Hombre!... cuanto tiempo pues mira me acordé de ti buscando sobre un bicho que me come los boj no sabía que escribieras sobre jardinería pero después leí otros más y hubo uno que me encantó el de los rosales". No pongo comas ni puntos porque hablaba sin respirar y, supongo, que sus frases tampoco los llevaban.

Soy poco dado a atender halagos ni zalamerías porque, en general, me parecen formas retóricas sin mayor fundamento. Siempre hay una excepción y esta es clara porque me sentí halagado, y es que el artículo sobre rosales le haya encantado me llena de orgullo porque está al alcance de muy pocos que alaben una cosa que no hizo. Sic transit gloria mundi.

thuja plicata zebrina

Los setos son una parte fundamental para la jardinería y la cosa viene de atrás pues en otra época eran imprescindibles como en los dibujados jardines italianos, los versallescos franceses, el típico español donde el boj era la pieza esencial para marcar las estructuras y los caminos. Los ingleses, como siempre, iban por libre. Una de las plantas que se usaron durante mucho tiempo era el cupreso, hoy en desuso porque la poda dejaba partes sin verde y no tienen poder de rebrote, vamos, quedaban calvos. Otras que tuvieron su momentos de gloria fueron el aligustre, la escalonia, o el evonimus. Al final la planta más utilizada a día de hoy es la tuya pese a un repunte de la fotinia, y dejando a un margen las trepadoras que son sapo de otra charca.

La Thuja plicata es una conífera que pertenece a la familia de las cupresáceas que incluye árboles y arbustos perennifolios tan conocidos como el ciprés, el falso ciprés de Lawson o los enebros.

Su nombre vulgar es simplemente tuya, pero también los tiene más rebuscados como cedro rojo de Pacífico, árbol de la vida, tuya gigante, cedro gigante o cedro rojo occidental.

El nombre científico, Thuja plicata Donn ex D. Don, recibe su nombre genérico de la palabra griega thyon, que derivó al latino thya, con el que se referían a árboles de madera perfumada mientras que el específico proviene del latín plicata que podemos traducir como plisado por la disposición de las hojas.

Es un árbol verdaderamente grande, alcanza los 60 metros de altura con un diámetro de unos 2 metros, en consonancia con otras especies nativas de su mismo lugar de origen, la costa oeste de Norteamérica donde, ni que fueran de Bilbao, conviven casi todas las especies de árboles de mayor tamaño del planeta como la secuoya roja, (Sequoia sempervirens Endl), la wellingtonia (Sequoiadendron giganteum (Lind) J.Buchholz, o el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) (Mirb) Franco.

Las hojas son de color verde brillante por el haz y con el envés verde claro que posee manchas plateadas, con forma de escama que al estrujarlas desprenden olor afrutado que, hay quien dice, huele a manzana. Mi olfato no da para tanto y necesitaría un sumiller para que emitiera veredicto pero no conozco ninguno.

Las flores de la thuja son muy pequeñas y pasan desapercibidas, dan lugar a un cono (piña) de color verdoso que se vuelve marrón con el tiempo, de tamaño sobre thuja plicata 021 centímetro y que porta pequeñas semillas que, por cierto, tienen un alto grado de nascencia aunque lo más normal es que se reproduzca vegetativamente por esquejes.

Prospera rápidamente en lugares soleados, húmedos, que sean fértiles y estén bien drenados por ello alcanzan un buen grado de crecimiento en Galicia, y en el resto del norte de España., lo que le da un gran valor para hacer un seto con relativa rapidez.

Pese a que su uso más generalizado es la formación de setos también es un importante árbol ornamental tanto solitario como en bosquetes.

Existen unas cuantas variedades de esta planta pero las más utilizadas son la “zebrina” con unas marcas amarillentas, de ahí el nombre de la variedad, que resulta muy atractiva a la vista y la “atrovirens” de un color verde oscuro que es exactamente lo que significa el epíteto.

Otra utilidad de este árbol es su madera, muy requerida en carpintería y ebanistería por su ligereza y por ser prácticamente imputrescible. Los indios americanos tallaban los totem, cortaban a la altura requerida, esculpían en el sitio y allí quedaban, lo de preparar, trasladar y colocar en otro lugar lo dejaban para los obeliscos egipcios o los moais de la Isla de Pascua que, por no tener, no tenían un Obelíx que llevara los menhires. También ahuecaban los troncos para fabricar canoas de gran dureza pues, incluso, se utilizaban para cazar ballenas en alta mar. Estos pragmáticos indios cortaban los tablones “a medida” dejando crecer el resto del árbol, sistema que me encantaría aplicar a los cerdos y sus jamones.

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