Ceibo

España no es un estado muy dado a la simbología y todo se reduce, de manera oficial, a la bandera, el escudo y el himno que, por no tener, no tiene ni letra, cosa que sinceramente agradezco pese a los ímprobos esfuerzos de Marta Sánchez en revertir la situación para que el personal no se quede mudo o simplemente tararee cuando suenan los acordes de la Marcha de Granaderos, nombre que recibe el himno patrio. Gracias Marta, otra vez será. Olé, olé.

En la mayoría de los países europeos ocurre más o menos lo mismo que aquí, muy poca simbología, pero si cruzamos el charco la cosa se complica porque es normal tener entre los símbolos nacionales: flor, árbol, ave... y, en cada uno de los estados que forman Estados Unidos, elevan el asunto a la enésima potencia y sitios como Florida, Louisiana, Tennesse..., lo engordan con pez de agua dulce, pez de agua salada, insecto, mariposa – como si los lepidópteros se hubieran independizado de los insectos-, canción, tarta, fósil, mineral y todo lo que se le pueda a uno ocurrir.

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Si hay dos países que se parezcan no solo en Sudamérica, si no en el mundo, son Argentina y Uruguay, la yerba mate, la forma de hablar que es más fácil distinguir un gallego de un andaluz que un argentino de un uruguayo, los mismos colores y el sol en la bandera, la pasión por el fútbol y la flor nacional: la del Ceibo, que no es el árbol oficial de ninguno de los dos países.

Ceibo
También conocido como árbol de coral, pico de gallo, cresta de gallo, flor de coral, madre brava, bucaré, cachimba, o pito y con nombre científico Erythrina crista-galli L, cuyo nombre genérico proviene del griego erythros y significa rojo, mientras el específico crista-galli, del latín y significa cresta de gallo. Aparte de Uruguay y Argentina también también habita como autóctono en Brasil, de donde llegó a Europa en el siglo XVIII, Paraguay y Chile.
Este árbol, perteneciente a la familia de las Leguminosas, puede alcanzar los 20 metros de altura, pero normalmente es más bajo, sobre 10 metros o menos. Es de hoja perenne pero en nuestro clima lo habitual es que caiga e, incluso, alguna rama se seque. El tronco es espinoso en ejemplares juveniles, también las ramas y los peciolos de las hojas, suele ser grueso, de hasta 1 metro de diámetro, y corto, generalmente tortuoso y con una madera blanda y de fácil putrefacción. La copa puede ser tanto o más ancha que la altura del árbol.

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Las hojas están formadas en grupos de tres folíolos, de color verde oscuro por el haz y pálido por el envés, de unos 6 x 2,5 centímetros, de forma oval o elíptica con la hoja terminal más grande.

Las flores se disponen en racimos densos y colgantes, individualmente recuerdan a una pequeña cala, la corola puede ser de color rojo, rosa fuerte, o rojo anaranjado, carnosas, con un pétalo a modo de estandarte, que mide unos 5 centímetros, otros 2 soldados, llamados quilla, y otros dos a los lados que son las “alas”.

El fruto es una legumbre, tipo habichuela, es leñosa, de hasta 30 centímetro de largo con el inicio y el fin comprimidos, encierra unas 10 semillas reniformes de color marrón oscuro.

Es un árbol que se adapta bien a todo tipo de suelos, prefiere la humedad abundante, incluso que se encharque la tierra, pero también soporta la sequía, lo que menos le gusta es el frio y, si se tiene una planta joven, es preferible protegerla de las heladas.

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Se reproduce tanto por semilla como por esqueje.

En lengua guaraní el nombre de la flor de ceibo es Anahí, y según cuenta la leyenda era el nombre de una joven india, más fea que un dolor pero con una voz muy bonita, que vivía con su tribu, pero un día fueron atacados por los malos, es decir los españoles, y Anahí se unió a los guerreros luchando con gran bravura, al final fue capturada y encarcelada, siendo vigilada por un centinela, ella, para pasar el rato, cantaba con su voz melodiosa y tenía encandilado al personal. Un día que se despistó el centinela, le arreó un leñazo en la nuca y lo dejó inconsciente, aprovechó la ocasión y huyó. No llegó muy lejos porque fue nuevamente capturada y, eso pasa por cantar bien, acusada de brujería y condenada a morir en la hoguera. La ataron a un árbol y procedieron a la ardua labor de la incineración. Cuando amaneció brotaban bellas flores rojas del árbol en el que la habían quemado. Así nació el ceibo.

Casi nada.

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